A comienzos de la década de  1870, Buenos Aires albergaba tres niveles de organización política: era municipio regido por una Comisión Municipal; Capital de la Provincia de Buenos Aires donde residía el gobernador y sede del Gobierno nacional. Todo esto derivaba en la existencia de un alto número de funcionarios administrativos. La inmigración había comenzado. En esos momentos los “gringos” superaban a los habitantes criollos y,  si bien la ciudad tenía pretensiones estéticas el contrapunto era el tema de la salud pública. Se carecía de obras de salubridad, las calles y los terrenos se rellenaban con basura; las aguas del Riachuelo estaban infectadas con los residuos de los saladeros, sólo en Barracas había más de quince. La población bebía el agua de los pozos de la primera napa absolutamente contaminada y, vivía en los conventillos en medio de la promiscuidad y la miseria. 

En este cuadro de situación el 27 de enero de 1871 los doctores Tamini, Larrosa y Montes de Oca fueron llamados al barrio de San Telmo para que diagnosticaran en tres casos de fiebre que se habían dado en un conventillo. El fallo fue unánime: fiebre amarilla. Tamini que era miembro de la comisión municipal, lo informó en reunión secreta con el objeto de retacear la información para que no cundiera el pánico. Pero como los casos continuaron en ligero aumento, la cuestión se convirtió en debate de prensa. Era una enfermedad exótica para Buenos Aires, motivo por el cual hasta los legos opinaban. La comisión Municipal no quería suspender los festejos del carnaval que eran casi sagrados; y el pueblo, para olvidar, celebró entre corsos y comparsas. Fue necesario que a comienzos de marzo la fiebre matara a 40 personas por día y que el mal, democráticamente abandonara el barrio de los conventillos para llegar hasta el Socorro, para que se prohibieran las  fiestas populares del entierro del carnaval.  Confirmada la realidad gobernados y gobernantes no supieron que hacer. La consigna fue la huída. Todo el que tenía medios abandonó la ciudad hacia los pueblos de Flores, Belgrano, Adrogué, San Fernando; barrios enteros se vaciaban. En abril quedaba apenas 1/3 de la población de la urbe.  Sarmiento que era presidente de la nación, huyó en un tren especial escoltado por 70 personas; lo siguieron Alsina y todos los ministros nacionales, todos los funcionarios públicos. De 160  médicos con que contaba la ciudad del puerto, solo 50 lucharon día y noche contra el flagelo.

En plena acefalía el periodismo convocó a un “meeting”, alguien tenía que asumir la responsabilidad de combatir la epidemia. Apareció así la “Comisión Popular de salubridad” que se multiplicó milagrosamente, coordinando los medios disponibles al servicio de esa especial batalla. Entre sus miembros vale mencionar al Dr. José Roque Pérez y al Dr. Manuel Argerich, que dejaron sus vidas en la asistencia a sus semejantes;  A Carlos Guido y Spano, Lucio V. Mansilla, Aristóbulo del Valle que con 23 años representaba al diario “El Nacional”, a José C. Paz de 28, fundador de La Prensa y a aquél Bartolomé Mitre de 25 años, por La Nación, entre otros. 

Las medidas fueron rigurosas. Cerraron las oficinas nacionales, todas las instituciones: escuelas, bancos, Bolsa, aduana, Tribunales e industrias. Se prohibió la realización de ceremonias religiosas, los espectáculos y reuniones públicas; se devolvían los inmigrantes que llegaban.  La mortandad fue en aumento, el 9 de abril se superaron las 500 víctimas Sobre Buenos Aires se abatía una plaga comparable a las siete de Egipto: el puerto cerrado, la ciudad puesta en cuarentena por las provincias y países limítrofes. Fue la única oportunidad en que se llegó a recomendar el abandono total de la metrópoli. Se agregaron para eso vagones en ferrocarril, se construyeron viviendas provisorias en San Martín, Merlo, Moreno. 

Los enfermos eran tantos que los hospitales no daban abasto.De urgencia se construyó el Lazareto San Roque, hoy Hospital Ramos Mejía; se arrendaron el Hospital Italiano y otros. Sin embargo la mayoría de los enfermos quedó sin asistencia. Los carros fúnebres también fueron insuficientes, siendo completados con los carros de basura, en los que se amontonaban los cadáveres para su traslado al cementerio. Se enterraba con tanto apuro para evitar el contagio; que ocurrió el horror de enterrar gente que aún no había muerto. Los cementerios de La Recoleta y Del Sur (hoy Parque Ameghino) se colmaron, por lo que se compraron 7 hectáreas de la “Chacarita de los colegiales” para enterratorio, construyéndose un ramal de ferrocarril para el acarreo de los cuerpos, que, con esa característica macabra, fue único en el mundo. 

A Partir del 13 de abril la epidemia pareció mermar por lo cual se produjo el regreso masivo; pero los que esperanzados retornaban se encontraron con un súbito recrudecimiento del mal. Hubo que esperar hasta mediados de mayo en que comenzó a ceder; el 2 de junio fue el primer día en que no se registró ningún fallecimiento por fiebre amarilla luego de seis meses de agonía. Fueron 13.614 las muertes; de todas las corporaciones profesionales, el clero fue el más castigado. Cumplieron su labor llevando auxilio a las víctimas que inclusive eran abandonadas por sus familiares. De las nacionalidades, la más diezmada fue la italiana. 

La ciudad que se recuperaba era otra, la gente también; el duelo era general. Los niños huérfanos  fueron tantos que hubo necesidad de fundar un nuevo asilo. Quienes habían sido prósperos quedaron en la ruina; caídas las ventas a cero  nadie cumplía con las obligaciones de pago, se incrementaron los suicidios, el alcoholismo, la delincuencia, las enfermedades nerviosas. Las familias se habían disgregado pero todos tenían una herencia que reclamar; hubo una explosión de pleitos. Durante la epidemia algunos “valientes que no le temían a la fiebre” se habían dedicado a adulterar testamentos, otros habían lucrado revendiendo pasajes a los pueblos aledaños, hubo quienes aprovecharon el abandono y la muerte para el saqueo. 

En medio de tanta corrupción, el Dr. Eduardo Wilde, de 27 años, recorría los conventillos de San Telmo prestando sus servicios médicos a quienes lo necesitaran. En su marcha por la calle México oyó un gemido que le costó identificar; ingresó a una casa deshabitada y a medida que avanzaba el lamento se oía más intensamente, en el  fondo encontró a una persona desvanecida, abandonada por todos, salvo por su perro que pedía auxilio. Wilde logró salvar esa vida, porque se conjugaron allí dos fidelidades: el desinteresado amor del perro por su dueño y la del médico hacia su profesión. 

No está de más a tantos años, el reconocimiento a los hombres, que integraron la Comisión popular, por el ejemplo que brindaron al tomar con valor el timón de Buenos Aires cuando ésta navegaba a la deriva.

                                         

* Puede solicitarse la bibliografía y las fuentes documentales, a la dirección de correo del blog.                                                       

© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

*Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.*La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog: madk4b@yahoo.es

Este es un pedido de auxilio a los amigos porteños, o de los alrededores de la capital. 

El barrio de Boedo, enclave fundamental en la historia de la cultura argentina, con su tesoro inacabable  de artistas, con sus tres casas que hacen el emblema del art nouveau, con todas sus grandezas, sus misterios, sus particulares vecinos, carece de plaza. 

Voy a tocar de oído, porque no participé de las reuniones vecinales, pero el tema es así.

Se le prometió al barrio, en cuanto se demoliera la vieja estación de tranvías de Estados Unidos y Loria, cederle el predio, para un espacio verde que tanta falta hace. Pero, apareció un pastor protestante que pidió el predio, para construir un templo. Un predio inmenso, vamos a aclarar. Y según se dice, untó algunas manos, con lo cual consiguió desviar el destino  del terreno.Los vecinos continuaron su lucha y ahora se enteran, que ni plaza, ni catedral. El gobierno de la ciudad de Buenos Aires lo reclama para construir una dependencia, un CGP. 

Pero la plaza se necesita y cuanto. Los chicos de Boedo, tiene que recurrir a los barrios de San Cristóbal, o de Parque Chacabuco, para encontrar una hamaca. ¿Será un castigo, por su prestigio como cuna de tantos intelectuales de izquierda? Por los nombres encarnados, que recorrieron sus calles haciendo y dicidiendo? Será que hay una fábula que aquel que piensa no necesita espacios arbolados? 

De todos modos, las riquezas están grabadas en el pasado, las hojas del libro de la vida, continuaron pasando. 

No sé porque se castiga ese barrio. Lo que sí sé, es que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, tiene una deuda con Boedo.

Lo descubrimos en los 90 con el historiador Gerónimo Rombolá. Y lo publicamos bajo la rúbrica de nuestro grupo de investigación: Peña de Historia del Sur. El intendente Noel, había proyectado 3 plazas para el barrio, que nunca se concretaron. Fue en los años veinte, duermen, pero un día deberían librarse al hecho. El artículo puede leerse en red, entre otros links, en el de la propia Peña:

http://peniadehistoradelsur.blogspot.com/2007/12/cuando-boedo-perdi-tres-lazas.html 

Lo que pido a los porteños que me leen, a los bien intencionados, es que ayuden a hacer conocer, entre sus amigos, este despojo. Boedo, que tanto dio, merece unos metros de verde espacio.  

* ©  Ana di Cesare

Ellos, triste carga mercante, tienen el mérito de haber creado la primera república latinoamericana. Modelo de vehemencia para los pueblos de hoy  que ambicionen metas semejantes.                                                      Cuando soplaba el viento norte la ciudad entera oía los lamentos de los hombres negros que habían sido depositados con otras mercancías en las barrancas del retiro. Gemían porque sus duelos eran absolutos. Sin embargo el esclavo no se agotó en el llanto ni en el efecto narcotizante del “stramonium” que fumaba.

Lo mantuvo atentos la esperanza de recuperar su dignidad.

Los negros haitianos con sangre e ideas de la Revolución Francesa, fraguaron la primera república de nuestro continente. Otros compañeros de infortunio organizaron en el noreste brasileño el Estado de Palmares, que sostuvieron durante más de cien años resistiendo heroicamente a paulistas y holandeses; fue la rebelión de esclavos de mayor duración que conoció la historia. El cine se encargó de difundir las actitudes de los habitantes de Numancia y Massada frente a los romanos, pero los americanos ignoramos que los esclavos cubanos burlaban a sus amos suicidándose en masa.

 En el Río de la Plata la resistencia no fue cruenta, se asociaron manteniendo las tradiciones africanas tanto como les fue posible… hasta que las ideas y venidas del ritmo negro – por esas extrañas bromas de la vida- parió al tango blanco.   

  

Oleo: Pedro Fígari

Se calcula que alrededor de 2.400.000 esclavos ingresaron en la América española. Para Brasil se comprueban unos 4.000.000. ¿Por qué si en los primeros momentos de la colonización la Corona española prohibió la entrada a todo aquel que no fuera de viejo linaje cristiano, fomentó luego este tráfico? Las causas estructurales e ideológicas, sumadas, se resumen así: comprendió que se necesitaba mucha más mano de obra para las tareas de la nueva economía que la que los indios podían brindar.

Para mejor sustento de esta determinación, a las demandas de cabildos y personajes, se sumaron las apreciaciones de los religiosos jerónimos y de Fray Bartolomé de las Casas, que apoyaron la aberración de la esclavitud negra con el fin de defender la situación del indígena.

 A este último sacerdote, según sus declaraciones, no le alcanzaría la vida para arrepentirse.   La Corona firmó para Buenos Aires dos “asientos” (contratos); uno, en 1708, con la Compañía Francesa de Guinea, que tuvo sus barracas en el Parque Lezama; y el otro, en 1713, con la Compañía Inglesa del Mar del Sud, cuyas barracas estaban en Retiro.

Es estos depósitos, obviamente, los hombres negros, se acumulaban junto a las demás mercancías.

En cada región de América el esclavo tuvo un desempeño y consideración diferentes.

En el Río de la Plata, se lo destinó a las tareas rurales, oficios, artesanías, tareas domésticas y, el trato en general fue bueno.

Cuando la severidad del amo sobrepasaba los límites, el esclavo pedía podía pedir carta de venta y cambiaba de dueño, así como compraba su libertad. En Buenos Aires el hombre negro gozó del ocio; gracias a sus ocupaciones podía realizar trabajos particulares, entregando al amo sus ganancias, y en cuotas, conseguir su emancipación.

Pero ellos no solo fueron escoberos, panaderos, hormigueros, amas de leche y lavanderas; también desde las primeras luchas de la independencia, estuvieron en el frente. Cuando el general San Martín, preparaba su ejército, pocos eran los porteños que se enrolaban, de modo que se dispuso que cada propietario debía vender uno de cada tres esclavos para las milicias. Así, regaron con su sangre esclavizada las tierras de sus amos, luchando por la libertad ajena. Y lo hicieron con valentía… Cuatrocientos de ellos cayeron, tan solo, en Chacabuco.

 De la desaparición del hombre negro en Buenos Aires es fácil percatarse. La anterior fue una de las causas. Los cuadros demográficos muestran mermas sugestivas.    Padrón de 1836 – Población negra 24%Padrón de 1858 – Población negra 20%Padrón de 1868 – Población negra 9%Padrón de 1887 – Población negra 1,8%   Otras causas:a) La actividad ganadera, donde pocos hombres se hacen cargo de cientos de animales, hizo innecesario continuar la importación.b) Con el enrolamiento de los hombres negros se produjo un desequilibrio entre los sexos que condujo al mestizaje y posterior blanqueamiento.c) Las epidemias de viruela y de fiebre amarilla, hicieron estragos entre ellos. 

Su grito de libertad en estas tierras fue el sostenimiento de los patrones culturales africanos. Lo conseguían a través de las asociaciones mutualistas, en las que se agrupaban de acuerdo a su región de origen. Calcados de las sociedades secretas del África Occidental, los primeros grupos se constituyeron de hecho; rápidamente cobraron una estructuración compleja con estatutos, libros de contabilidad y un orden jerárquico.

La finalidad primordial era la de recaudar fondos para comprar la libertad de sus hermanos de raza, asistir enfermos, comprar terrenos para edificar las sedes. Estos predios estuvieron ubicados en el barrio de Monserrat, de la Avenida Bernardo de Irigoyen al Oeste.    Oleo: Pedro Fígari   

Al lugar se lo conocía como el Barrio del tambor, dado que era el instrumento preferido para sus bailes, o también Barrio del Mondongo. Respecto de esta última denominación, existe una controversia de si deriva del alimento homónimo que los negros consumían a causa de su pobreza, e iban a buscar a los cercanos mataderos; o si el apelativo “mondongo”, se formó a partir de una región congolesa “Dongo” , sumado al prefijo santú “mu” , de lo que resulta “mudongo”.

 Estas asociaciones eran conocidas como “naciones” o “candombes”, entre los más conocidos estaba el de “Grigera”, que funcionó en México 1265 entre 1823 y 1901. La nación “Cabunda”, en la calle Chile entre Santiago del Estero y Salta, fundada en 1823, subsistió hasta bien entrado el siglo XX. La “Benguela”, funcionó en México 1272. La nación “Congo Augunga” estuvo en la calle Santiago del Estero, casi San Juan.

Estas asociaciones desaparecieron por efecto de la transculturación, las generaciones jóvenes, ya no deseaban conservar las tradiciones, sino sumarse a los patrones culturales occidentales que gozaban de prestigio “civilizado”.

 Murió la tradición africana y murió el hombre negro entre nosotros, a punto tal que los diarios de 1880 en adelante, hacen noticia de esos seres que desapareciendo se convertían en personajes: Cayetano Pelliza, Matías Rosas, Mariana Artigas, Benedicto… ébanos de dolor en papel prensa.   

© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna *Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.*La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog: madk4b@yahoo.es

Yo no vengo a hacerme la partida
Pero digo que vengo del Boedo legendario
Julián Centeya

“Mis orígenes están en las cuatro esquinas en cruz de Boedo y Chiclana”Percibimos como un eco la voz cascada, el fraseo personal, inimitable, mezclado con la calidez de la lunfardía porteña y con la inspiración del poeta que no alardea, sólo enumera lo quimérico de la historia de Boedo. Desde una geografía humilde, casi campera, de casas bajas y patios con malvones, su gente hizo el camino hacia lo que Boedo significó en el desarrollo cultural de Buenos Aires.
Comienza nombrando como a una amiga a “La Balear”, sociedad de socorros mutuos, fundada a principios de siglo por inmigrantes españoles, cuya arquitectura realza, como telón de fondo, la magia de la cortada San Ignacio que en el cruce con Boedo, prestó su esquina para la arenga y el debate de los políticos de entonces y, también a aquellos predicadores del Ejército de Salvación, que enfundados en grises uniformes, reclamaban con sus himnos, paz y solidaridad.

Allí nomás, cruzando a la acera sudeste estaba el café Biarritz con mesas en la vereda donde una noche confusa mataron a “la Chancha”, apenas un gigoló de arrabal.
El antológico café El Aeroplano, punto de reunión de varios personajes, como Eufemio Pizarro, indultado por Hipólito Irigoyen en el año 1917 del penal de Ushuaia (años después murió asesinado por estas calles), Homero Manzi, Cátulo Castillo perpetuaron su imagen en una milonga.
El café Dante era por aquellos años, como una sucursal de San Lorenzo (1), allí se vivían los después de los partidos, con luces, aplausos y discusiones acaloradas, mientras por la ancha y empedrada calle los tranvías salían chirriando de la estación, para recorrer la piel de Buenos Aires, que crecía sin pausa, acompañada por una galería de escritores, poetas, pintores, escultores, comparables a notables artistas europeos.

Los modestos habitantes del barrio, podían así, leer sorprendidos y maravillados, pagando solo unas monedas, a los librepensadores del mundo, también al talentoso inmigrante judío, que apoyado por la confianza de un editor lleno de sueños, publica “versos de una furcia”, firmado con el seudónimo Clara Beter, generando fantasías, opiniones y hasta cartas de amor.
Desde aquí brotó la chispa que desembocó en la semana trágica, ensangrentando a una Buenos Aires llena de sorpresas.
Acompañaba esa ebullición un nutrido movimiento teatral, por el que pasaba el drama, la comedia, el sainete que llegaba al escenario del Teatro Boedo, enriqueciendo el tiempo libre de los vecinos.
Luego Boedo se fue poblando de peñas y personajes de café, es una “boulevard amplio de aspecto vivido” por el barrio transitan intelectuales, médicos notables, algún malevo, legendarios anarquistas y locos lindos como Francisco Sabelli, al que llamaban “el loco papa”, compañero de militancia de Homero Manzi y protagonista de innumerables anécdotas.
Barrio de inmigrantes nostálgicos, gente luchadora, soñadores, “melenas de novias” y por sobre todo un “lonjeado cielo”.      

© Peña de historia del sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna  

Este artículo se encuentra protegidos por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores. La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog: madk4b@yahoo.es

  

La lectura de las estadísticas de la segunda década del 1900 sobre la prostitución en Buenos Aires, permite comprobar como marcha de la mano de la miseria y la desesperación. No es nuestro objetivo en este trabajo, ahondar en sus determinantes, como tampoco el análisis sobre su legalización que significó denigrar a una parte de la población femenina, para permitir que el resto mantuviera un lugar impoluto en los convencionalismos vigentes

 Recordemos que en esa época la prostitución estaba legalizada y controlada a través del Dispensario de Salubridad, dependiente de la Municipalidad de la Capital. Sus funciones eran vigilar el ejercicio del “comercio” y la profilaxis de las enfermedades venéreas. En el local de este Dispensario había un consultorio donde podían asistirse voluntariamente las prostitutas, aunque todas eran controladas obligatoriamente.En la casa central de ese organismo municipal, para los hombres, funcionaba un consultorio de enfermedades venéreas y otro de piel, los cuales eran muy concurridos. Esta dependencia, como muchas otras de la Municipalidad, era capaz en aquel entonces, de volcar sus observaciones en cuadros estadísticos que muchas veces sorprenden por su calidad, teniendo en cuenta la ausencia de recursos tecnológicos que en esa época había.Parte de esos datos –muy elocuentes- son los que presentamos a continuación. En ese año de 1917 solicitaron inscribirse en el registro del Dispensario de Salubridad 279 mujeres de la que sabemos: 

NACIONALIDAD CANTIDAD

Argentinas……………………….………….100

Austriacas ………………….…………………. 2

Belgas…………………………….………  .  … 1

Cubanas……………………………….……….. 1

Chilenas ……………………………..…..…….. 1

Españolas………………………..……….…..…65

Griegas……………………………..…….…….. 3

Francesas……………………….……………… 20

Italianas……………………………..………….. 35

Otomanas…………………………..…………….. 3

Portuguesas………………………………………. 1

Paraguayas……………………………………….. 2

Rusas………………………………….…………. 23

Suizas………………………………………..…… 2

Uruguayas………………………………….……. 19

Marroquíes………………………………….……. 1

Total…………………………………..….. 279

EDAD

De 22 años……………. 58

23 años……….……..…17

24 años…….…………. 33

25 años..………………. 32

26 años…….…………. 13

27 años………………. 16

28 años……………..…. 17

29 años…………………. 12

30 años…………………. 16

31 años……..……………. 4

32 años……..……………. 5

33 años……..……………. 8

34 años……..……………. 4

35 años……..……………. 3

36 años……..……………. 2

37 años……..……………. 3

39 años……..……………. 2

40 años………..…………. 1

41 años…………….……. 2

42 años………….….……. 1

Total…………….. 279

INSTRUCCIÓN

Alfabetas………………. 138

analfabetas………………. 123

Firman solamente………. 18

Total………………279

Al finalizar el año mencionado, se llegó así al número de 18627 meretrices registradas en la Ciudad de Buenos Aires. Sabemos también que funcionaban 154 prostíbulos que observaban un perfecto cumplimiento en lo que respecta a la higiene y estado de las instalaciones, pero que albergaban más mujeres que las permitidas. La prostitución clandestina había amentado alarmantemente. Aparecieron así casas de citas, pensiones de artistas, “garçonnieres” y negocios disimulados, como casas de modas, cigarrerías, peluquerías, etc.En cuanto a la prostitución callejera 324 mujeres recorrían el centro de Buenos Aires. Números que fríamente nos hablan de las que perdieron su futuro tras la luz roja del burdel. 

©  Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá.

 *Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.*La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog: madk4b@yahoo.es

Quien fue Belgrano? El revolucionario de la primera Junta,
el que asumió la jefatura de las tropas del Norte,
el creador de la bandera nacional; o el hombre probo,
decente a carta cabal que murió en la más extrema pobreza.
Ambos seguramente, abrazadas sus partes
en un barro humano que nos enorgullece.

Es difícil hablar de Manuel Belgrano sin emocionarse.Algunos de nuestros próceres descollaron por su claridad intelectual, como estrategas, por su temeridad. En su caso, entre tantos méritos como puede reconocérsele, conmueve especialmente su hombría de bien, rectitud y honestidad. Cualidades que, paradójicamente, lo sometieron a grandes penurias económicas hasta el punto que a la hora de su muerte, tanta era la pobreza en que se hallaba que sus allegados debieron enfrentarse a urgentes dificultades. Pagarle al médico que lo asistió con el reloj del patricio y usar cómo lápida, el mármol de la cómoda de su hermano.Por eso no queremos hacer hincapié en su trayectoria como hombre público. Que fue un patriota de primera hora; que actuó valientemente desde las invasiones inglesas; que tomó parte activa en los preparativos de la revolución de Mayo; que integró como vocal el gobierno de la Primera Junta; que fue general de la campaña de Paraguay y Jefe del Ejército del Norte; fundador de Escuelas, creador de la bandera nacional, puede leerse en cualquier manual de historia.Preferimos referirnos al hombre con un su destino de pruebas terribles, que soportó con valor y humildad.Era difícil imaginar que alguien que llegaba al mundo con los mejores auspicios, muriera en la ingratitud, resistiendo frustraciones, estafas, pero decidido a cumplir hasta el final con sus obligaciones éticas. En verdad, cuando llegó al mundo en 1770, no podía hacerlo en mejores condiciones.Heredero de dos linajes principales, que contaban con guerreros ilustres y protectores de indios en armonioso equilibrio, la vida le brindó las posibilidades para ser intelectualmente brillante y él no las desaprovechó.Su padre don Domingo F. Belgrano, harto de los conflictos internacionales que se desarrollaban en su Oneglia natal (Génova) se estableció, primeramente en Cádiz y luego en Buenos Aires, donde tomó la ciudadanía española.Domingo y María Josefa González Casero se casaron y, mientras ella le iba dando 13 hijos, el sexto de los cuales fue Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús, él iba afirmando su carrera comercial y administrativa, desempeñándose como “vista y contador de aduana”, “regidor del cabildo” y “síndico procurador de la ciudad”, en varias oportunidades.Era una familia, muy acomodada en lo económico, y con fuertes intereses culturales, así que Manuel asistió al Real Colegio de San Carlos y a los 16 años viajó a Salamanca y Valladolid, para completar sus estudios de nivel superior.Cuando a la edad de 23 años regresó a Buenos Aires convertido en abogado, poseía todas las condiciones de un triunfador y era una presa codiciada por las jóvenes casaderas del virreinato. Mundano, cortés, culto, brillante, poseedor de fortuna, era además un hombre sumamente atractivo.Mitre lo describía en su regular estatura, fisonomía bella y serena, cabellos rubios sedosos, ojos azules, tez blanquísima apenas sonrosada, como un “hijo de las razas nórdicas”. Según su amigo José Balbín, era un hombre animoso de paso tan rápido que por la calle era imposible seguirlo.Había regresado con el cargo de Secretario del Real Consulado; pero no todas eran promesas de felicidad. En los años pasados en España, había contraído sífilis, enfermedad que lo torturaría hasta la muerte.

Esa fue una de sus largas batallas. Más allá de “Salta”, “Tucumán”, “Vilcapugio”, “Ayohuma”, él peleó a diario debatiéndose entre sus ideales, los cargos de responsabilidad para los que fue nombrado y su salud, tan debilitada por esta y posteriores dolencias.

Justamente el estoicismo con el que aceptó las obligaciones que la gesta emancipadora le imponía, son una muestra de su compromiso y humildad.

Fue arrastrado por los viento de la Revolución y debió ocupar cargos para los cuales no tenía ni inclinación ni preparación. En sus planes no había tenido cabida la idea del combate. Su educación física era la de un intelectual, no había recibido preparación para la guerra. Pero aceptó el mando de las tropas destinadas al Paraguay y del Ejército del Norte, dando un ejemplo de renunciación personal ante las urgencias de la Patria.

Al año de su regreso de España debió presentar la primera de sus licencias a causa de sus malestares. Desde noviembre de 1796 en que el Dr. O´Gorman le recomendó trasladarse a un lugar menos húmedo, hasta 1803 su vida transcurrió entre períodos de actividad laboral y otros de reposo, a fin de recuperarse de sus afecciones reumáticas y una infección en los lagrimales que sufrió permanentemente.

Mientras, el pueblo lo veía trajinar, vestido modestamente, con las botas remendadas porque a los 40.000 pesos que el gobierno le había otorgado por los triunfos en las batallas de Tucumán y Salta, los había donado para la construcción de cuatro escuelas. Era difícil no apreciarlo por sus méritos: entereza, abnegación, amor al prójimo, serenidad de espíritu, talento, humildad, trato encantador, unidos a la fuerza interior que le permitía desempeñar sus tareas, leer y escribir largamente, durmiendo apenas 3 ó 4 horas por día, le valían la admiración y el respeto de quienes iban conociéndolo.

Su vida, sin embargo parecía signada por un sino fatal. En la Campaña al Norte contrajo paludismo. Como consuelo, en Tucumán cosecha amigos y conoce a Dolores Helguera con quien vive un gran amor, del que nace su Hija Manuela Mónica. Pero aunque él quiere formar una familia, Dolores le es sustraída, la familia la casa con otro hombre. Años atrás había tenido que renunciar a Pedro, el hijo que tuvo con María Josefa, la hermana de Encarnación Ezcurra, para evitar dañar la moral de la amante, que fue criado por Juan Manuel de Rosas y su mujer.Para ese momento, el mundo se le derrumba, el gobierno comienza a recriminarle las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, sin recordar que él era abogado, no militar. Los conflictos intestinos entre sus oficiales terminan en la revolución del Capitán Abraham González, que pretendió engrillarlo, aunque Belgrano ya estaba postrado en cama por falta de recursos con los cuales mantenerse.Desolado, presintiendo la cercanía de su muerte, regresa a Buenos Aires, para refugiarse en la casa de su hermano en San Isidro. Desde entonces fueron los parientes y amigos quienes se ocuparon de su sostén material. Llegado el invierno hubo que trasladarlo a la casa paterna en la actual Av. Belgrano entre Defensa y Bolívar. Su cuadro clínico, complicado con hidropesía y cirrosis hepática, era irreversible.A las 7 de la mañana del 20 de junio de 1920, su vida se apagó. Dicen que sus últimas palabras fueron para despedirse de la patria. Quizás, por el contrario, sus pensamientos quedaron detenidos en una tibia tarde tucumana, en el patio de naranjos con el perfume de los azahares, en Dolores y él… él, Dolores y Manuela Mónica juntos, como nunca pudo ser.Pocos supieron ese frío día de Junio, que había dejado de existir el Dr. Manuel Belgrano, un hombre que merecía ser calificado como tal. Solamente un diario dio a conocer la noticia.

TESTIMONIO DE UN AMIGO
Contaba don José C. Balbín a Mitre:


“De resultas de la revolución (la del Capital Abraham González) se vio abandonado de todos el General Belgrano, nadie lo visitaba, todos se retraían a hacerlo. Entonces empecé a visitarlo todas las tardes, y cuando su enfermedad se lo permitía salíamos juntos a pasear a caballo. Esto nos traía la animadversión de los revolucionarios ,lo que me importaba muy poco, porque cumplía un deber de amistad”.

“Como quince días después de la revolución, una tarde me dijo el General: me hallo sumamente pobre, se han agregado a mi causa varios jefes fieles y honrados yno tengo como mantenerlos; ayer he escrito al gobernador Aráoz pidiéndole algún auxilio de dinero y me lo ha negado; le hice presente al general, que había hecho mal en dirigirse al gobernador, estando yo que podía darle lo que necesitase. Al día siguiente le mandé $6.000 con su mismo criado”.
“Una tarde que paseábamos a caballo me dice el General: yo quería a Tucumán como a mi propio país (hace referencia a Buenos Aires)pero han sido tan ingratos conmigo que he determinado irme a Buenos Aires, pues mi enfermedad se agrava cada día. Le aprobé su pensamiento indicándole que no debía perder tiempo. A los 3 ó 4 días lo encontré triste y abatido, le pregunté lo que tenía y me contestó muy afligido: amigo, ya no pudo ir a morir a mi país, pues no tengo recurso alguno para moverme de aquí: ayer he escrito al gobernador pidiéndole algún dinero y caballos para mi carruaje y me ha negado todo. Le contesté, habiendo caballos y plata y cuánto se necesite… y me preguntó ¿de dónde lo sacó?- pues ¿qué se ha olvidado usted que me tiene de amigo? Si, lo sé, me contestó, pero lo he molestado a usted. Tantas veces, que no quiero serle más gravoso. Señor general a mí no me molesta nunca y en prueba de ello, dentro de dos días le mandaré a Usted. 2.500 pesos, haga ya los preparativos par su viaje. Le mandé lo ofrecido y se empeñó en que lo acompañara, ofreciéndome un asiento en su coche, pero me resultó imposible complacerlo”
“ A los ocho días se puso en marcha el General acompañado del Dr. Redhead y su Capellán el Padre Villegas, con dos ayudantes, los Sargentos mayores don jerónimo Helguera y don Emilio Salvigni. Cuando llegaban a una posta, lo bajaban cargado y lo conducían a una cama”
Más adelante Balbín continúa:
“Al día siguiente de llegar a Buenos Aires, pasé a visitar al General Belgrano a quien encontré sentado en un sillón poltrona, en un estado lamentable; después de un momento de conversación m dice: es cruel mi situación pues me impide montar a caballo, para tomar parte en la defensa de Buenos Aires, contra López el de Santa Fe, que se prepara para invadir esta ciudad; luego siguió diciendo: Amigo Balbín, me hallo muy malo, duraré pocos días, espero la muerto sin temor, pero llevo un gran sentimiento de sepulcro; le pregunté ¿Cuál es General?, y me contestó; muero tan pobre que no pudo pagarle el dinero que me prestó, pero no lo perderá Ud. El gobierno me debe algunos miles de pesos de mis sueldos, luego que el país se tranquilice le pagarán a mi albacea, el que queda encargado de satisfacer a Ud. con el primer dinero que reciba. Como un año después de su fallecimiento fui pagado.”

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© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

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