Supo existir un Boedo que hoy nos parece una leyenda.
Un barrio, allá por el 900, de glorietas, de cafés que surgían a borbotones, de teatros al aire libre, de circos y potreros. Tiempo de líricos y de obreros del ladrillo, que compraban más libros de los que se vendían en el centro; en que se pensaba en poesía y se armaban huelgas; en los que en una cortada se derramaba por el filo de un cuchillo la vida de algún taita.
Días de euforias, de esperanzas, de casas chatas y exuberancia de malvones.Por ese entonces, a Boedo, también la habitaban payadores que tenían por principal punto de reunión el café de Brenta, en la esquina noroeste de México y Boedo.
Ese, que deshabitado, al cabo de unos años decidió suicidarse implotando, en lugar de dejarse arrasar por la picota. Se lo conocía como “ el almacén de Brenta. Mil historias se construían allí. Ambito de discusiones políticas, refugio de los peores malandrines; y en el patio de tierra, al fondo, en el antiguo reñidero, arena de la taba…. los payadores, rasgando la monotonía del eterno contrapunto.
Cuando Juan Leyro y Betinoti eran dos muchachitos que aprendían a hacer versos bajo su higuera, apareció Luis García Morel, y se puso a darles clases en ese almacén.Allí comenzaban las payadas y se iban por el potrero con cancha de bochas de H. Primo y Boedo; o por el Circo de Chiappe en Masa entre Venezuela y Agrelo, donde las esperaban el joven Gabino Ezeiza, Higinio Casón, Ciriaco Bravo; para llevárselas a las glorietas, donde otros payadores como Federico Curlando (el favorito de de zona), Donato Sierra, Gorosito, Juan Pedro López, Lobato, Generoso De Amato, Montoto, hacían lo suyo.
Tenían éxito.En el un local apelado “La Payada“, en San Juan entre Colombres y Castro Barros, o donde se presentasen, el público se reunía entusiasmado para escucharlos. Y entre esa gente, un joven de Boedo y Quito, que se les acercaba tímidamente y se presentaba como “Ignacio Corsini“.
Y entre todos, ese fuera de serie que fue Martín Castro, “el payador libertario “, que enardecía a la audiencia recitando aquello de

“hombre que te degeneras
al pie de los mostradores
gastándote en licores
el fruto de tu sudor“

No solo los payadores se han ido, también la bohemia, la ingenua sensualidad de las glicinas y los forjadores de un Boedo grandioso, épico, que duerme un sueño de león cansado.
© Ana di Cesare .

Pintura: Firulete for export. Miguel Varela

© Ana di Cesare

El tango apareció en Buenos Aires, a mediados del XIX.
No fue un fenómeno musical que naciera entre los ombúes de La Alameda; ni navegó su ritmo por los Terceros que partían la ciudad avergonzada de ellos; no se refugiaron sus versos procaces en los Huecos de Lorea, ni de la Libertad, ni de Cabecitas.
Dicen que se generó en los burdeles del arrabal. Que comenzó sus requiebros en las carpas de las chinas cuarteleras, cerca de las actuales av. La Plata y Corrales o, en Palermo, cuando el colegio militar se encontraba por esos rumbos.
Allí unas mujeres pardas, mestizas, indias, alguna vez quizás, una blanca; atendían a civiles y milicos. No faltaban las guitarras, el baile, las coplas como antesala del comercio carnal. Pero si los primeros pasos de esta danza marcaron cicatrices en los patios de tierra, sería más tarde en La Boca y en el Dock, donde ser volverían inmortales en sus cafetines, clandestinos y chistaderos.
El desequilibrio entre los sexos que había producido la inmigración, que importaba predominantemente hombres jóvenes y solteros llevó a miles de muchachas a la mala vida.
Fenómeno que tiene sus causas: el pauperismo en el que se vivía; la condena social a que tenía un traspié; los sueldos miserables frente al despilfarro, esplendor y vida alegre de Buenos Aires; y las que cayeron en la trampa de la trata de blancas.
Los historiadores del tango, tienen aún una deuda pendiente para con ellas.
Porque no todas fueron Laura, o María la Vasca, o La Moreira.
Quedaron en el olvido esas pioneras, que despilfarraron sus vidas en un embotamiento atroz; bien documentado en la recopilación de coplas del antropólogo Lehmann Nistche. Ninguna esperanza, ningún atisbo de amor, ni de deseo. Un embrutecimiento existencial.
Ellas fueron las compañeras de los pasos inaugurales, las que inspiraron las primeras letras. Las que cargaron los rótulos de traicioneras y simuladoras. Las que no merecieron una sola palabra de amor.
Queda el reto de indagar, de reconstruir desde la vereda femenina, los orígenes del tango. De recordar a aquellas que sin serlo en apariencia, fueron también protagonistas.
Porque el tango, el tango es cosa de dos.

 

San Cristóbal había sido en su prehistoria una pampa recortada por extensas chacras, que al impulso de la inmigración se subdividieron, acercándose al centro.
Una épica de alegrías y dramas, lo prepararon para el largo dominio del tango.
Quizás se le anticipó la marca de una queja de bandoneón, aquella noche de 1884, cuando en medio de la celebración popular, dos jóvenes y perseguidos amantes, esperaron tomados de las manos, que el arsénico hiciera su efecto.
O cuando la calumnia pegó una estocada mortal al padre Arenas. Un hombre que atravesaba en pleno invierno los peligrosos pantanos de la Av. Jujuy, visitando a sus pobres; o esquivaba las balas, cuando el alzamiento de Tejedor, para asistir a los heridos.
O después, la daga de la Moreira; famosa bailarina del café de la Pichona; vengando al hombre de su vida, aquel mismo que la explotaba.
Fue así, entre los gringos laburantes y nostálgicos, con sus viviendas cargadas de parras y los compadritos con sus pupilas, sus cafés, el relumbrar de sus cuchillos que se tejió su historia.
Mientras, el trencito de la basura avanzaba por la cortada Oruro hacia la quema; se jugaba pelota vasca en la Plaza Euskara; los organitos que alquilaba la llamada ” Infanta Isabel “, salían desde la cortada Danel a distribuir el tango; brotaban las academias, los cafés, las casitas de baile, los creadores.
Aún están en pie las paredes exteriores de la casa de María la vasca donde se reunían los despreocupados muchachos ” bien ” a bailar por tres pesos la hora.
Cerca, ” El estribo “: mientras el vasco Ain, enseñaba a bailar en los sótanos; la policía se acordonaba para contener al público, que quería escuchar a la orquesta de Vicente Greco. A pocas cuadras: ” El Protegido “, donde Castriota, estrenó ” Lita “.
Transitaron sus calles: los Fiorentino, Sassone, Dorita Davis, Charlo, el Cachafaz, Los Greco, Canaro, Caruso, Castriota, Razzano, Aieta, las Falcón… Y Homero Manzi, que recordando el amor que viviera con la hermana del escultor Riganelli, escribió el inolvidable ” Romance de Barrio “.
© Ana di Cesare

Al leer los análisis que hacen muchos estudiosos del tango acerca de su caída luego de los gloriosos 40, me acomete una sensación de extrañeza. La pregunta es si en esas reflexiones, que siempre se emparentan con una emoción irreductible de pérdida cultural, no olvidan considerar una fundamental variable de análisis: el factor del devenir. En esos escritos, Argentina y el tango, son entendidos como una entidad que se retroalimenta con independencia del resto de la especie humana. El tango, fenómeno musical, ético y estético, con el que antes o después terminamos encontrándonos, parecería desde esa descripción, la única posibilidad creativa que cabe a los artistas de estas tierras.
Como si por el pecado de haber originado esa suerte de magia que se canta, se escucha y se baila; pesase un castigo original que nos cerró las puertas al futuro, al cambio, a la indispensable e imparable renovación, que exige la humanidad en su evolución.
Se me impone que esos ensayistas hubieran taponado los oídos de los argentinos al canto de sirenas, representado por la música de allende los mares. Lo que es más grave, creo percibir en alguno de ellos, una posición claramente conservadora, desde donde se resiste la evolución, como peligrosa amenaza de subversión a los parámetros conocidos.

Suele argumentarse que terminada la 2da guerra, la industria de los Estados Unidos, se recuperó, inundándonos con melodías, que enrolaron en sus filas a los jóvenes. Desde esta perspectiva, los muchachos de entonces, quedan profundamente desvalorizados; conceptualizándolos como idiotas útiles; como robots consumistas incapaces de optar por criterios estéticos, de tener preferencias fundadas, de poseer capacidades creativas.

Que hubo razones de mercado, para que cierto tipo de música se adoptara, no cabe duda. Las determinantes económicas también operan sobre el arte. Pero negar que fenómenos como el rock o la aparición de los Beatles, fueran movimientos revolucionarios o de resistencia en si mismos para las sociedades en que se produjeron, es una arbitrariedad; más allá de que luego, se los utilizara para rendir suculentos dividendos, por las aves de rapiña, siempre prestas.

El tango, como todo producto humano, está atravesado por la dinámica de la historia. Ninguna obra de la humanidad puede escapar a su tiempo, a las determinaciones socioeconómicas que acuñan las características de los procesos culturales emergentes. Por lo tanto, el tango, que tantos años acumula, no es un todo, ni una unidad, sino una sumatoria de parcialidades que mantiene una esencia que escapa a diagnósticos certeros, para convertirse desde tantas subjetividades en una suerte de aroma a piel materna, en el que nos reconocemos.

Así como la poesía del tango no podía continuar reflejando taitas y paicarritas, cuando la mujer se incorporó masivamente al mercado laboral. Así como por sublime que suene, ya no se podía halagar como “muchachas con piel como magnolias mojadas por la luna”, a aquellas empantalonadas, que competían hombro a hombro por el poder, no sé podía pretender tampoco, que el tango no se quebrara, terminada la 2da guerra mundial.

¿Cómo podían los poetas continuar describiendo el trotecito de Manoblanca, o las madreselvas y glicinas cómplices de besos robados, luego de asumir la crudeza de millones de muertos, de los que nunca sabríamos el número exacto? ¿Cómo hablar de organitos y golondrinas, frente al genocidio nazi?, ¿O del arrabal y del farolito compañero, cuando habíamos probado la ferocidad y fragilidad de nuestra condición humana, luego de Hiroshima?
Creer que el arte argentino podía proseguir por sendas autistas, era negar la esencia misma del arte.

Los años continuaron sucediéndose. Otros vientos azotaron la sociedad argentina, primero la caída del peronismo, luego la década del 60, que aparejaría una renovación desconocida.
La gente veía en aquellos años, modificarse su entorno físico y psicológico a pasos agigantados. En los 50 había llegado la televisión, que para los 60 se había popularizado, ganando a las familias en la reclusión hogareña. Quizás, asustaba salir a la calle. El espacio urbano se había vuelto otro. Las viejas casas, paisaje habitual y contenedor de los vecinos, caían bajo la picota, para dejar emerger edificios en torre. La construcción de casas de departamentos, cobró un ritmo febril, así como el anonimato de los nuevos moldes. Barrios antiguos, tradicionales, como Palermo y Almagro, mostraban grandes zonas de colmenares habitados por advenedizos.


La marcha se aceleraba, la ciudad iba teniendo pulso de taquicardia. Desaparecían el tranvía y el trolebús y en su reemplazo los Fiat 600 y los Citroen hormigueaban coloridos.
A niveles de pensamiento, el cuestionamiento que Francia y otras naciones europeas comenzaron a hacerse luego de terminada la guerra: el “existencialismo “, se hizo carne entre nosotros. No solo en las formas propias del conocimiento filosófico, sino también en las músicas de “cave“ que se escuchaba; en ese Bergman que tanto eco tuvo en Argentina y que venía a plantear otras conflictivas: la existencia de Dios, la culpa y la del sexo .

Por otra parte el psicoanálisis, que pisaba fuerte desde los 50, para los 60 tomó tal auge en el discurso ciudadano, que nos convertimos en la sociedad más analizada del mundo. No solo se vuelve determinante esto, porque haya más porteños sobre un diván que neoyorkinos o parisinos; sino por la influencia que tendría en el arte, y en las costumbres. En la plástica, fenómenos con el Instituto Di Tella, donde no solo se implicaron artistas sino multitudes de jóvenes con participación activa.

A todo esto debe agregarse la influencia de la reciente revolución cubana; de las luchas de liberación nacional, emprendidas por muchas colonias contra sus metrópolis, emblema de las cuales fue Argelia.
Posteriormente el mayo francés y sus efectos en Tlatelolco; sobre una sociedad muy politizada como era la Argentina de esos tiempos, con mucha gente en la universidad, con la imagen cercana del Che Guevara, que se reflejó en el “Cordobazo“.

Estos moldes tuvieron efectos en los jóvenes argentinos, especialmente en los de clase media.
Los adolescentes son los que comienzan la resistencia. Han sido los adolescentes de todos los tiempos los que tomaron distancia de los modelos parentales, para poder erguirse con estatura de hombres.
Esos muchachos escuchan otras músicas, bailan danzas más accesibles. No es verdad que todo lo escuchado, haya sido de pésima calidad, como cita Balduzzi en el artículo “La década del 60“. Sí podía serlo “El club del clan “, pero allí también estaban los Beatles, ; la “Bossa Nova“, ¿era acaso Vinicius un poeta sin condiciones? Se podía dudar de las cualidades como compositor, de Mikis Theodorakis, que cita justamente el mencionado artículo.

Si bien es verdad que parte de la juventud abrevaba en las boberías malintencionadas de Palito Ortega, también se escuchaba a Aznavour, a Nicola de Bari, a Paul Anka, a Los Plateros.
Se oía a los Wawanco, a Bovea y sus ballentos, al Cuarteto Imperial; pero al mismo tiempo un grupo de chicos que venían del jazz, en Buenos Aires y en Rosario, comenzaban a generar el llamado “Rock Nacional“. Tenían ideas, tomaban partido por un cambio de vida, sus letras estaban cargadas de ideología, cosa que hasta ese momento el tango había obviado, salvo en las poquísimas excepciones que confirman la regla.
Morris, Javier Martinez, Pajarito Zaguri, Pipo Lernoud, Ciro Foglietta y un Lito Nebbia, puber aún, generaban un nuevo aire en “La Cueva Passarotus“. Sus consignas eran claras: paz, amor libre, antimilitarismo.
Una de las primeras letras de los Beatnicks , decía:

“ Porque la gente quiere luchar aproximando la guerra nuclear
cambien las armas por el amor
y haremos un mundo mejor
Rebelde me llama la gente
Rebelde es mi corazón
Soy libre y quieren hacerte esclavo de la tradición
Todo se hace por interés, porque este mundo está al revés. “

Muchos critican al rock nacional, como carente de calidad poética, eso me hace suponer que esas personas, poco han incursionado en él. Las hay sublimes, plenas de metáforas, profundas, desgarradoras. Y en cuanto a la calidad de esas primeras piezas no debían ser tan delesnables, dado que Modugno, rápidamente les grabó a Los Gatos “Viento, dile a la lluvia“.

Era una época plena de ideales y de utopías. El joven cuestionaba su existencia y a la realidad que veía oponía otra en todo orden social. Argentina asistía a una nueva ética en la expresión de la problemática humana.

Ahora… esos jóvenes de entonces, somos los adultos de hoy, algunos sumando un lustro más o una década menos. Todos fuimos atravesados por los 60. Algunos eran ya jóvenes y tuvieron la suerte de transitarla, conservando plena memoria de sus gloriosos días; los que éramos muy chicos, sabemos que sus acontecimientos nos permitieron vivir un juego de bisagra diferente, y quizás añoremos aquello que no pudimos disfrutar…. añoramos, porque finalmente somos porteños, y por tanto tangueros, aún cuando comprendamos y gocemos el rock.

Las generaciones literarias nacen en los momentos de quiebra o de efervescencia social. Así como hubo una generación del 98, en aquella España que perdía sus últimos fantasmas imperiales, y se ahogaba en la anomia; hay una generación de los 60, entre los poetas del tango.

Una se pregunta ¿Como transitaron estos hombres/poetas de hoy, la aventura de la etapa que los acunó, cuando se estaban definiendo? No menos cuestionadores y comprometidos con su tiempo, seguramente, que aquellos que rompieron con el tango. Algunos más, otros menos, y algunos de mejor manera, eso se refleja nítidamente en sus producciones, tal es el caso de Eladia Blazquez o de Hector Negro.

¿Qué duende los anudó al tango y no les comprometió con otras vertientes musicales? Es parte del misterio de sus propias historias… Y del guardián del tango, que sabía se necesitaba una renovación: juglares que escribieran para el hombre nuevo.
Esta generación tuvo el coraje de saltar sobre las figuras tutelares; sobre los grandes nombres cuya mención nos llena de respeto; sobre los eternos, sobre los maestros, sobre sus propias influencias… Negro, Blazquez, Ferrer también Novarro y Castaña (aunque hayan incursionado en otros ritmos), han demostrado ser fieles hijos de su tiempo.
¿Qué ocurre con su obra poética?
Para referirme a ella, se me hace necesaria una acotación histórica mínima, que hace a la relación entre el tango y la sociedad que lo albergó. Éste, como ya dije, no dio cuenta, de las graves dificultades sociales que castigaban a nuestros abuelos en aquella Argentina que soñaban y trataban de forjar. Fue tolerante, complaciente, distractor.
No se mezcló, quizás porque nació lumpen.
Sus orígenes, en alguna medida prostibularios, sus contoneos entre proxenetas y mujeres envilecidas, mal podía generar lecturas de reivindicación social o de protesta. Quienes si generaban protestas, no adherían al tango. Eran grupos que no se mezclaban. Parece ser que el embrujo sensual de su magia, no los contagiaba.
Es verdad que hubo hombres de ideas, entre sus letristas, allí lo tenemos a José González Castillo. Pero, la denuncia… no aparecía, o apareciá desleída.
Luego, los poetas comenzaron a pintar sus barrios. A idealizar los paraísos perdidos.
El paraíso perdido es la gran constante. Quizás, por aquello que decía el Dr. Arnaldo Raskovsky, cuando hablaba acerca de los orígenes del tango, explicándolo como producto de la rebeldía de los hijos de los primeros inmigrantes, mancomunados con los hijos de los criollos, contra la frustración y melancolía paternas; unida esa joven generación, por el destino común de la miseria.
Llegó Discepolo, es verdad… Pero no pudo con tanto peso y si emprendió una crítica social, terminó en una lectura individualista del inevitable fracaso de la existencia, inevitable en tanto somos falibles y mortales.
La generación del 67, rompe con esto. Reivindica un pasado de olvidos.
Los estilos cambian radicalmente. No porque antes hubiese una unidad estilística. Nada que ver, sus poetas tuvieron sustanciales diferencias culturales, disimiles capacidades creativas, de juegos verbales, de recursos metafóricos. Sino que esos jóvenes letristas, comprenden por fin, que deben dar testimonio del tiempo que transitan, y asumen su destino de voceros del pueblo.Así surgen versos como
“ Mi barrio y mi gente escuchan mi credo
que a los barquinazos aprendí a cantar.
Como un canto arisco, donde el sol que muerdo
Calienta mis labios para protestar “
Bien de abajo. Hector Negro
“ En el medio de este mambo y el delirio más profundo…
el cartel de primer mundo, nos vinieron a colgar.
Tan grotesco es el absurdo, tan inmundo está el chiquero
Que mirando el noticiero, ¡ me reí por no llorar ¡ “
Argentina primer mundo . E. Blazquez
Ahora bien… Los poetas del 67, reformularon las letras. Pudieron hacerlo manteniendo esa característica que ha tenido el tango: la de una poesía excepcional, que existe con prescindencia de la música que la acompaña y que es profunda, exitencial.
¿Cuales son sus obsesiones ?
Desde luego Buenos Aires. Buenos Aires, y su símbolo: el tango, ambos inseparables en su análisis. Una Buenos Aires, con la que se identifican, que puede ser ellos mismos. A la que a veces añoran, pero siempre recuperan y aman a pesar de sus cambios. Estos hombres y mujeres han comprendido la dinámica de la existencia. Buenos Aires, ya no es el barrio, ni la esquina florida. Es un símbolo de abrigo, de encuentro; una compañía; una constante; es la madre, que dejó de ser eternamente edípica. Es un flirteo incondicional, un amor permanente y quedo. Por eso, los versos se suceden superándose uno a otro, en relación a esta ciudad nuestra.

 


Pero también es castigo, amenaza, dual, como las amantes de los viejos tangos, capaces de traicionar en su camuflaje. Ellos escriben para (y sobre) un sujeto angustiado, para un habitante de la lidia contra el reloj, implicado en ese vértigo sin pretensiones de detenimientos. Es en la marcha donde se demuestra el ser.
En lo que hace al amor, otro de los grandes temas. Se perdió la pasión de antaño. La desmedida, la ingenua, la del sentimiento poético. Es un querer intelectualizado, desprovisto de arrebatos. Tomado de manera transversal, sin comprometer las vísceras. Y eso también responde a la dinámica de estos tiempos. La vivencia del amor, ha cambiado. La sobriedad del tratamiento; la angustia que se muerde y se calla comprensivamente; el pudor de mostrarse descarnado, el enamoramiento apenas coloreado. En estos poemas, se muestra el cariño o la autocrítica, se han desmontado las idealizaciones, no se alimentan vanas ficciones o ilusiones a contramano.
Estos poetas, parecen estar mucho más enamorados de la totalidad de la vida, que del amor.
Una vez leí, que el tango tradicional es:
a) consuelo del derrotado. Esta nueva poesía, no se queda en la derrota, seinclina por persistir.
b) Que da cuenta de la inevitable derrota. Tampoco son derrotados estos hombres de las nuevas letras, aunque muerdan el mal sabor de la frustración, como he dicho anteriormente, se levantan y regresan al ruedo.
c) Posee una ética superior por la cual absuelve al derrotado. Estos poetas incitan a la superación a “honrar la vida“.
d) Que la vida siempre remite al seno edípico. Más allá de sus subrogados: ciudad y tango, este hombre ha crecido. Asume su destino, no involuciona al seno materno. Sabe que depende de su propio esfuerzo para mantener la dignidad de estar vivo.
e) Que la lectura del tiempo es la un placer breve y un sufrimiento muy largo.No es el caso. Este hombre sabe que hay felicidad, no se regodea en la tragedia, ni en el melodrama, vive.
f) Que su gran tema es el fracaso, en lucha contra el sistema del mundo. Aquí Hay lucha para construir un mundo mejor, ideas para superar los cotidianos fracasos.
g) Se intoxica de recuerdos para no enfrentar la realidad. Tampoco es el caso. Encontramos un medirse permanente con una realidad que se desea modificar. Se la aborda en su crueldad, en su injusticia y se opera sobre ella. No se la acepta como imposición del destino.
Desde esta perspectiva, se podría pensar, que estamos asistiendo a un tango nuevo. Que ha subvertido las raíces.
Nos encontramos, en resumen, ante la poética de un hombre actual, que no elude su tiempo, sino que lo transita con valor, buscando mantener la honra. El reflejo de un ser cuestionador, que admite la duda. Que se permite el bálsamo del recuerdo; pero avanza, porque se mira desde su estatura de adulto. Es eso, un adulto, jaqueado, frustrado, con mucho de Quijote, pero un hombre con mayúsculas, que se reafirma su dignidad, en el reconocimiento de sus propios errores. Es un sujeto de la autocrítica y del compromiso. Sabe que tiene una tarea para hacer. Asume sus responsabilidades, elabora sus culpas, se reconstruye después de cada caída, mantiene su fe, permitiéndose una existencia más humana en todos los planos.
Restará definir, si lo que producen es tango, o un producto nuevo que aún no hemos bautizado.

 

© Ana di Cesare

Chica Divito

JUAN MONDIOLA, ANALISIS DE LA OBRA Y DEL ENTORNO
SOCIAL
Resulta inevitable antes de comenzar a analizar el tratamiento que Juan Mondiola a fines de los años 40 y comienzos de los 50, por una parte; y la cumbia villera, sobre los 2000, por la otra, hacen del sujeto femenino, preguntarse ¿quienes somos las mujeres en la imaginación colectiva y que lugar se nos otorga desde la palabra?
¿Cuál es la relación entre las encrucijadas históricas y las prácticas cotidianas determinadas por los significantes del discurso imperante?
A lo largo del tiempo, las mujeres hemos sido colocadas en distintos lugares, pero siempre desde una discriminación del genero, atravesada, como cualquier otra discriminación por la cuestión del poder. El hombre se ha encargado de describirnos desde su propia imagen, cualificándonos como incompletas, pecadoras y, en tanto, él, detentaba el poder, colocadas en situación de desventajosa sumisión a los mandatos, de quienes debieron ser nuestros compañeros de ruta.
Los discursos sociales, definen los lugares no solo de la mujer, sino también del hombre. Y esto lo vamos a ver claramente al analizar los textos que nos ocupan, entre los que median 50 años y como esos procesos subjetivos plantean y replantean en sucesión dinámica el entramado de la relación entre los sexos.
En nuestra cultura los conceptos hombre y mujer, se organizan desde la lógica binaria: activo – pasiva, fuerte – débil, racional – emocional.
Las mujeres, en consecuencia a las mujeres se nos significó más como acompañantes que como protagonistas, como objetos mejor que sujetos.
Si bien hemos avanzado, adquiriendo nuevos espacios y el equiparamiento aún es hipótesis, algo se quebró del orden anterior donde las mujeres ocupábamos “naturalmente“ un lugar subalterno. Los organizadores de sentido que regían lo femenino y lo masculino, así como las demarcaciones de lo público y lo privado, se desdibujan.
Desde esta perspectiva, las mujeres somos definidas desde una fantasía social, en donde convergen temores,mitos, discursos.
¿Hemos modificado en lo sustancial, nuestro posicionamiento en las lecturas populares de mediados del siglo XX y de comienzos del XXI, en las producciones de estas dos Argentinas tan diferentes?


Imagen: www.learevistas.com

JUAN MONDIOLA, ANALISIS DE LA OBRA Y DEL ENTORNO
SOCIAL

Personaje curioso Juan Mondiola, gastando lengue con monograma justo cuando las mujeres suspiraban sin resuello por el siempre bien trajeado Cary Grant. El chambergo requintado, el pantalón a rayitas, el cigarrillo anatómico olvidado en la comisura de los labios. Por debajo del lengue, seguramente, la medalla al mérito por “sobrador de melones “ y arrastrando afanosamente un ala, que comenzaba a desplumarse, tras las chuchis que venían entrando a la modernidad…
Mi propia prosapia de porteña me empuja a desdeñar la idea de que el pobre Juan, con tantas carencias y contramano, haya representado a un sector importante de los hombres que poblaban esta ciudad. Mejor era mera caricatura de sectores que se asomaban desde las cavernas, tentados por los nuevos sones, sin atreverse a erguirse en toda la estatura que la posición bípeda les confería.
Protagonista de una sociedad en la que soplaban nuevos vientos, teniendo los ojos abiertos a los cambios, Mondiola en medio del naufragio se aferraba al palo mayor del pasado, sin atreverse a saltar y cruzar el río.
Así seguía soñando los sueños de antaño, conseguir lo casi imposible: el si de las mujeres… que estaban condenadas a expresar el no.
Y en lugar de avanzar sobre los cambios que advertía y plantearse de plano los derechos femeninos, se limitaba a soslayarlos, a lamentarse incluso por la dificultad que representaba para “los bombones “ mantener “la decencia“; pero seguía encerrado en los parámetros pacatos, que reprimían las expresiones más autenticas de la sexualidad y de la ternura, volviendo obsesivo el discurso masculino y suspiradoras contumaces a las muchachas, que en el cine resolvían su erótica.


Imagen: Tapa revista Rico Tipo

Que aún quedaban en Buenos Aires, sujetos identificables con Mondiola, no me cabe duda, que lo admiraran ya es otra cosa. Y si esto ocurría, no puedo menos que remitirme a la inversión que Oscar Wilde hacía del mito de Narciso. Contaba el genial irlandés, que cuando Narciso murió, las flores desesperadas le pidieron al río les prestara gotas de agua para expresar su duelo. A lo que el río contestó que toda el agua que arrastraba era poca para que convertida en lágrimas pudiera expresar su dolor por esa pérdida. Las flores entendieron diciendo que era natural amar a quien había sido tan bello. A lo cual el río preguntó
- Era bello? Yo le amaba porque cuando se inclinaba sobre mí podía
contemplar mi belleza reflejada en sus ojos –
Entonces, preguntarme, desde aquí, quien era el que se suicidaba, personaje o lector, seducido por ese loco berretín de “ creérsela “.
En la realidad, Juan Mondiola, era el personaje que salía de la pluma de Miguel Bavio Esquiú, (ex jefe de la sección deportes del diario El Mundo), que recreaba el lenguaje de la calle para la revista Rico Tipo. Esta publicación comenzó a aparecer el 16 de noviembre de 1944, por iniciativa de Divito, para competir con “Patoruzú“. Era una época con muchas revistas de humor, y en Rico Tipo, de corte popular, colaboraron nombres como Conrado Nalé Roxlo (chamico), Carlos Warnes ( Napoleón Verdadero y César Bruto), Rodolfo Taboada, Horacio Meyrialle, Américo Barrios, Pedro Seguí, Toño Gallo, Juan Gálvez Elorza, Quino, Calé, entre otros.
Más allá de las intenciones que tenía Bavio Esquiú con Juan Mondiola, permitámonos imaginar, que a la manera de los personajes de “ Niebla “ de Unamuno, este porteño de chambergo, se independizó de la pluma de su autor. Y con vida propia, recorría las calles de Buenos Aires, las manos en los bolsillos, relojeando a izquierda y a derecha los bombones, churros y budines que despertaban sus apetitos pantagruélicos, maquinando las estrategias de abordaje para lograr hacerle la boleta a ese mueble, que según él, le indicara con la mirada que andaba buscando guerra.

Imagen: chica Divito, que el dibujante creó hacia los 40, como representaciónde la mujer ideal
Presintiendo que la breva estaba madura, iniciaba los aprontes, ponía músculos e ideas en acción, hacia esa, que era la preocupación central de su existencia. Nada le importaba a él el plan Marshall, ni que recrudeciera la guerrilla vietnamita en Indochina, ni que el cercano oriente se sacudiera con la proyectada partición de palestina. Le resultaban ajenos asuntos triviales como la compra de los ferrocarriles y el debate que eso originaba, la ley de represión del agio, o que Eva Perón fuera recibida por Pío XII. Asuntos masculinos, como el que Oscar Galvez se alzara con el premio de las competencias automovilísticas, que se reiniciaban después de la guerra; o que José María Gatica se convirtiera en ídolo, le resultaban indiferentes. Quizás, si escuchaba las noticias sobre el matrimonio de Isabel de Inglaterra, pensando en esa inalcanzable chuchi, o el anuncio de la gran asamblea femenina, donde se acordarían los derechos políticos de la mujer…
<!–[if !supportLists]–>- <!–[endif]–>Cuantas terneras para calzarle los puntos… – pensaría nuestro héroe
En fin… Así era él… Y podía ser así, porque no tenía ocupación útil. Nada de preocupaciones laborales, ni de esas rutinas que aquejaban a los otros ñatos, a esos melones a los que adoctrinaba.
Cuando los medievalistas trataban de entender como pudieron producirse la institución y desenvolvimiento de las “ cortes de amor “, en una época en que las mujeres ocupaban un lugar subalterno, donde los derechos del marido eran indiscutibles, donde el cristianismo estaba tan arraigado; una de las respuestas, fue que con menos preocupaciones guerreras había tiempo disponible… Y para ocuparse obsesivamente del amor hace falta tiempo y ocio y sobre todo no tener preocupaciones en cuanto a la vida material. Nuestro personaje, sin ser un caballero galante, contaba con esos privilegios netamente aristocráticos.
Habíamos quedado en que atisbaba ñatas, minas, quesitos, monumentos, potranquitas, muebles o pardas, para obtener esos “ mimos “, que como hemos visto eran su razón existencial. Ahora, ¿Qué mujer era aquella a la que con tanta insistencia Juan quería acercarle la chata?
Entre los años 1920 y 1940, el imaginario social había sufrido una modificación en las pautas que conformaban el arquetipo de “ser mujer“. El nuevo modelo sufriría otras muchas modificaciones a medida que los 40 corrían, como consecuencia de los cambios sociopolíticos que se operaban. La mujer pasó a ser pensada como un nuevo sujeto social. Comenzaban a modificarse tímidamente los criterios de moral sexual; y aunque todavía se censuraba la prodigalidad de los vínculos, se sujetó menos a las mujeres al permitirles una relectura de su erotismo. Miles de ellas instituyeron prácticas transformadoras en su vida cotidiana, por ejemplo con su irrupción masiva en el campo laboral, donde tuvieron que aprender a establecer nuevos vínculos con los varones que eran sus compañeros de trabajo, obligándolos a ellos a releer sus hábitos conductuales sobre el sexo opuesto. Así como el acceso a la educación secundaria y terciaria ó la adquisición de códigos públicos.
La moda que la mujer adoptaba confundía a los varones: tailleurs ceñidos, silueta de avispa, zapatos con plataformas, faldas a la altura de la pantorrilla, hábitos como el de fumar o beber, mostrarse en confiterías o bailes o en las playas de Mar del Plata o del río de la Plata con trajes que mostraban sin prejuicios, lo que hasta hacía poco era del orden de la intimidad. Los hombres, debieron adecuarse a esa realidad y aprender que el que la mujer expusiera su cuerpo no les otorgaba derechos. Era una época de acomodamientos.
Claro que aún pesaban aires de moralina, la sanción social, las murmuraciones de barrio, los mecanismos censuradores. De la sexualidad no se hablaba, la vida erótica real o imaginaria era una cuestión mantenida bajo estrecho sigilo. En las familias de clase media se evitaba mencionar la palabra “embarazo“, usándose en cambio “esperar la cigüeña“ o “estado interesante“. No se hablaba… pero desde el cine que era la distracción favorita del pueblo y que se incrementó notablemente a partir de los 40, cuando la producción nacional alcanzó un punto de madurez; las muchachas, aburridas de sus trabajos repetitivos y sin mayor significación social, encontraban en él, el vehículo de esparcimiento, de proyección de sus deseos, de erotización y de modelos para ser.
Las figuras femeninas del cine, heroínas que representaban conductas transgresoras, fueron exaltadas y apropiadas por las espectadoras, debido a una toma de conciencia con relación al propio deseo, sobre el que pesaban aún mandatos patriarcales.

El erotismo y la vida sentimental se canalizaban también en la literatura, la novela y “el consultorio sentimental“de las revistas, dirigido al público femenino y estímulo auditivo de la radio arrobaba a las chicas.
Pesaba el doble discurso…
Es interesante citar parte de una disertación dada por Monseñor De Andrea, el 10 de julio de 1949, en el cual, junto a conceptos muy modernos vertidos sobre vivienda, cooperativismo, consumo, denunciaba el proceder de una sociedad muy propensa a arrojar la primera piedra. “Hay en nuestra sociedad, un sector que es el más desamparado y a la vez el más digno de ser protegido: El de las mujeres solas que no se resignan a ser una carga para cualquiera que sea; que se sienten capaces de trabajar para bastarse por si solas en la lucha por la conservación de su existencia y por la defensa de su honra” (…) “el mundo suele incurrir en contradicciones sangrientas. Tiende lazos y brinda seducciones, y si alguna vez la incauta cae, la castiga con su excomunión y la estigmatiza con la ignominia. Nosotros queremos no solo preservarlas de todos los peligros físicos y morales, sino además volverle llevadera su soledad y venturosa su existencia.“
Esta alternancia de propuestas insinuantes y sanciones, provocaba que la sociedad viviera dominada por el temor al que dirán. Contaba la apariencia, la amenaza era el rumor. Por eso se transitaba una represión casi puritana, que aparejaba una vida subterránea, una suerte de corrupción oculta. Mientras se sostenía el viejo patrón que exaltaba la castidad femenina, se disculpaba la promiscuidad de los hombres y se la fomentaba.
Se instituyó así, en Buenos Aires como régimen: la privación, ahondando la asociación entre el placer y la culpa. Esta privación se sublimaba en las amistades masculinas y convirtiendo al sexo en el tema fundamental de las conversaciones. La represión hacía de muchos porteños, obsesionados sexuales y la muestra de ello, la brinda Bavio Esquiú en sus narraciones.
Así, el matrimonio se convertía en el objetivo de las chicas; casarse cuanto antes, y en el paso que los varones trataban de posponer lo más que podían, en la ilusión de conocer muchas mujeres mientras tanto.



Antes de seguir tratando de comprender las razones de las adolescentes actitudes de Mondiola, me gustaría que una de aquellas señoritas, a la que él podría haber echado el ojo, nos describiera como eran esas muchachas, desde la mirada subjetiva de las perseguidas.
“¡Lo tiene bien cuidado al marido! (…) Las mujeres eran las responsables del aspecto de los varones de la casa (…) Ellas lavaban- a mano, en fuentones o piletas – ellas planchaban con almidón o agua de arroz, ellas cosían y zurcían. En todas las casas había unos grandes costureros de mimbre (…) nada se desechaba (…) Tenían mucho, mucho trabajo, pero eso era algo admitido, tácito, tanto que las hermanitas solían planchar la ropa de sus hermanos varones cuando iban al trabajo o al baile. No se quejaban. La división del trabajo era rigurosa y las que perdían eran ellas (…) “.
“De los últimos años del 40 hay algo que tengo muy claro porque proviene del aprendizaje interesado de lo femenino (…) La imagen de la mujer, qué era una mujer, como debía comportarse, qué se esperaba de ella (…) Con prescindencia de lo que hubiera adentro, las mujeres eran paquetes muy bien envueltos. Todo estaba dirigido a marcar las diferencias con el otro sexo, y a seducir mediante trucos y artificios que excitaban los sentidos. Los perfumes eran fuertes y cálidos, Avant la fete, los españoles de Myrurgia y los más plebeyos, gotas de amor o Nantes 18. El pelo se arreglaba en complicados jopos, rodetes armados con relleno de crin, horquillas, brillantinas y lacas. Tengo en la nariz, todavía, el olor a ácidos y pelo chamuscado de las peluquerías cuando se hacían permanentes croquignol (…) Se decía peinarse a la Dolores del Río (con un doble rodete en la nuca), a la Dorothy Lamour (con uno solo) (…). En el maquillaje también influía el cine. Por ejemplo, las chicas se dibujaban unas finas líneas oscuras en la base de las pestañas – ahora es muy corriente – como María Felix y se pintaban los labios fuera de los bordes, borrando las comisuras como Joan Crowford. (… ) Desde los tacos aguja o las altísimas plataformas hasta los cueros charolados de colores brillantes, los zapatos –y bolsos– transparentes, las medias con raya o espiguillas; desde los jopos en cuyo interior brotaban rulos o plumeritos de flores hasta los tocados y velillos en la cabeza, toda la moda exageraba hasta la caricatura lo diferencial femenino. Los corpiños eran grandes, algunos con estómago, para aplanarlo. Se usaban bombachas elásticas o cinturettes, tanto escondidos como prenda de interior, como afuera a modo de cintos, comprados en la casa de ropa para danzas de la zona del teatro Cervantes.(…) Hubo corpiños armados, duros como corazas, otros que confeccionaban a medida las corseteras, unos que se inflaban con una cánula y rellenos espontáneos que solían aparecer en accidentes jocosos. Las polleras eran muy anchas, para acentuar la cintura, que era uno de los puntos centrales de mira, o muy angostas, tanto que obligaban a caminar cruzando las rodillas. Además de ser angostas, se les hacía costura atrás y se les daba un cavado especial, que marcaba la línea del trasero. El modo de caminar, los tacos altos, las medias, de todo eran conscientes las mujeres, de todo intuían un cierto poder, algo que hasta la más fea sabía poner a su servicio. (… ) En las chicas jóvenes se valoraba la timidez, cierta o simulada. Escuchar a los hombres, asentir, no polemizar nunca con ellos, garantizaba ser aceptada, apreciada, amada.

Moda de los 40

El poder de las mujeres mayores estaba en su misma condición. Era tácito. Los hombres solían hacer lo que ellas decían. Las decisiones se tomaban a medias, o bien era la mujer la que invocaba las mejores razones: hijos y hogar. Donde el dinero no era abundante, lo administraban ellas. Los hijos varones la tenían muy en cuenta y las tomaban como modelos para elegir a una mujer con la cual establecer cualquier vínculo duradero. Las que trabajaban fuera de la casa eran cada día más. Casi siempre dejaban de hacerlo cuando se casaban, o al tener el primer hijo. (… ) (1)
Ahora bien, formulémonos unas preguntas, para situarnos en la mirada del personaje y entender el porque del uso de ciertos términos y no de otros.
¿ Qué buscaba Mondiola en la mujer? Él decía ternura, pero sabemos que no era amor, exactamente lo que deseaba. Sus lectores, que compartían los códigos, sabían que pretendía decir. El concepto del amor parecería ser sustancialmente desconocido para este personaje, que solo una vez, se deschava como humano, confesando la emoción que el reencuentro con Dorotea le produce. Yo no creo que fuese un negado, sino que las determinantes de la masculinidad en esos tiempos, imponían una coraza a la expresividad tierna del varón. Las palabras emocionadas quedaban para los poetas; la artillería de conquista (el verso que ha perdido a las mujeres de todas las generaciones) se compraba en las mesas de los cafés y los pobres hombres, quedaban así, como Mondiola, empaquetados con sus sentimientos, una especie de cinismo que los alienaba de lo mejor de sí mismos.
¿Qué era una mujer para Mondiola? Mero objeto donde obtener satisfacción. A través de ellas conseguía sosiego para sus demandas eróticas, nutricias y de confort. Convengamos que este sujeto es en el fondo un rufián que no se anima a sus pretensiones. O al menos un gigoló, un vividor, que aunque en uno de sus cuentos sostenga: “porque el varón que se ha pasado la vida entre las ñatas, tiene forzosamente que tratarlas con ternura“, desestima absolutamente las reacciones emocionales de ellas, y se acomoda con cinismo y sin culpa a disfrutar de cualquier don que de ellas provenga… Caricias o medias, como hace con la “turquita “ del cuento.
¿En que consistía eso que Mondiola alardeaba tener y los melones envidiaban? En el prestigio de ganador con las minas. Ser coleccionista de experiencias amorosas: garantía de su masculinidad y emblema de poder.
¿Cómo era la realidad de Mondiola? Su vida era alegre, desenfadada, parasitaria. Se movía en la superficie de lo cotidiano, con una conducta de absoluta inmadurez, sin comprometerse con nada. Su única preocupación era su necesidad obsesiva, casi adolescente de procurarse la satisfacción de sus instintos.
Obvio entonces, que Juan, nombrase a las mujeres, como chuchis a deglutir, como terneras de las cuales obtener beneficios sin ofrecer otro homenaje, que el privilegio de su compañía.
CUMBIA VILLERA: ANÁLISIS DE LA OBRA Y DEL ENTORNO SOCIAL


Es imposible analizar el tratamiento dado a la mujer por la cumbia villera, si se lo descontextualiza del tema de la postergación económica y de la discriminación que ciertos sectores sociales de Argentina sufren practicante desde 1930, cuando, como consecuencia de la crisis del agro por variación del acuerdo exportador con Europa, de la crisis financiera occidental y la creación del British Commonwealth, quedó Argentina fuera de los acuerdos previos.
Comenzaron entonces, a poblarse los suburbios de Bs. As., con una inmigración que venía del interior, y que proveyó en los primeros tiempos, de mano de obra para la industria que se generó durante la segunda guerra mundial.
Esta gente, se sentía protegida por el discurso peronista y rechazada por la población urbana, blanca, que olvidaba las discriminaciones y desprecios que sus padres provenientes de Europa debieron padecer a su vez.
La calidad de vida, de estos recién llegados, se fue degradando como consecuencia del déficit de viviendas, transporte, escuelas, servicios sanitarios. La piel oscura, correspondiente a la realidad latinoamericana, era vivida como advenediza y sospechada de ilegalidad, como consecuencia de la falta de documentos de los inmigrantes de naciones limítrofes que fueron sumándose.
Esta segregación fue sostenida sin un criterio fundamentado, por los argentinos que ocupaban los mismos o parecidos lugares de residencia. Y que enarbolaban un estandarte discriminatorio expresado en rechazo, desconfianza, distancia. Las mujeres, eran portadoras e incentivadoras de este prejuicio alimentado en parte, por el temor de que bajasen los salarios de sus hombres, ante la competencia que podían hacerles estos recién venidos; que por la precariedad de su situación, aceptaban degradar sus salarios. Ellas, cumplirían su parte, adoctrinando a sus chicos en el ejercicio sistemático de la discriminación: motes y adjudicaciones peyorativas, acentuarían la soledad y el apartamiento.
Más allá del fantasma de la competencia laboral, subyacía el miedo hacia lo diferente. El temor a que se introdujeran cambios, que modificaran los ritmos propios considerados superiores. Se criticaban las costumbres que se aportaban, no conocidas, apenas presentidas y se las rechazaba desde el prejuicio y la ignorancia.
Así se construyó una sociedad dentro de la otra. Una de pertenecientes y otra de excluidos prefigurados por el color de la piel. Ese color que estigmatiza indicando el lugar de pertenencia: las villas, alojamientos miserables, limitaciones educativas o analfabetismo entre los adultos, escasez de vestimentas, familias mal constituidas en medio de tanta necesidad.
El paso del tiempo, no mejoró sustancialmente estas cuestiones, aunque la población fue asimilada en las tareas de servicio. Si se desdibujó, el rechazar por el color de la piel, se sostuvo el menosprecio por pobreza. Ser paupérrimo, villero, pasó a ser sinónimo de delincuente. Quizás debiéramos pensar, que se cumplió aquello del saber popular: Tanto fue el cántaro a la fuente, que finalmente se rompió…
Oscar Lewis,
(2) en la publicación de los resultados de sus trabajos de campo, delimitando una “ cultura de la pobreza “, decía: “ La pobreza no es bella en ninguna parte “. Sus trabajos demostraron su universalidad. Lo que él podía encontrar en los barrios bajos de Londres, en Puerto Rico, en México o entre los hombres negros de la clase baja de los Estados Unidos eran productos repetidos, en sus estructuras y en sus formas. Elementos que se reiteran: como las uniones libres entre hombres y mujeres; el culto del varón como figura dominante; la maternidad previa que las mujeres llevan a la pareja, fruto de relaciones en las que fueron abandonadas; la figura del padre ausente porque o bien, ha hecho abandono de la familia, o porque hay barreras que impiden un lazo afectivo tierno entre el progenitor y sus hijos, lo cual lleva a que éstos últimos desarrollen un vínculo muy estrecho con la madre.
Y concluía, Lewis, con el ya popular enunciado: la pobreza genera vínculos violentos y la cultura de la pobreza termina convirtiéndose en una cultura de la violencia.
Tratando de entender el fenómeno de la cumbia villera, he ido tomando distintos autores y he observado la coincidencia, en que pobreza y segregación generan en los individuos claros síntomas de malestar que se vuelve a veces en agresión contra sí mismos (abuso de las drogas, por ejemplo) o a veces contra el medio que los acoge. Siempre es difícil vivir en tierra ajena, sobre todo si se es marcadamente pobre y diferente a los patrones estético-culturales del lugar sobre el que se asientan.
Acotémonos al ambiente de las villas que rodean a Buenos Aires o se emplazan en plena ciudad, estableciendo cotos privados, por los cuales se evita circular a sabiendas que se ingresa en una zona oscura, temida, peligrosa, delincuencial, aunque gran parte de sus pobladores puedan ser personas muy honestas.
Todo el mundo cotidiano de estos individuos, está organizado con relación a la pobreza, con sus pautas de vida totalmente inestables, de destrucción familiar, de nomadismo laboral, geográfico y marital. Según el estudioso del tema Alfredo Moffat, esta subcultura (gaucha) tiene orígenes lejanos en el tiempo. Dentro de su teoría estaría el desarrollo del mito del gaucho matrero ( Santos Vega, Martín Fierro, Juan Moreira, Mate Cocido), donde las rebeldías o las injusticias producidas por la autoridad van originando cierto grado de conciencia.
Cuando leemos las letras de la cumbia villera, la primera sensación es la del rechazo. La ausencia total de belleza, de metáforas, de ternura, de amabilidad, de una ingenuidad al menos de la cual sostenerse, con la cual identificarse; el lenguaje burdo, descarnado, pobre, que refiere directamente a áreas preservadas por el pudor y el buen gusto; que exhiben sin tapujo intimidades y promiscuidades; y aún la ausencia de normas éticas, que parecieran estar colocadas adrede para generar provocación; así como los usos gramaticales seriamente perturbados, (no sólo por ignorancia, sino por consecuencias neurológicas, producidas por la intoxicación con fármacos) todo conlleva al desagrado más rotundo.

Luego puestos en la tarea de desenmarañar ese barullo de palabras, se comienzan a advertir aciertos dentro de la puerilidad. Solo cabe posicionarse en el lugar del psicólogo social, para entenderlas adecuadamente. Ubicarse en el discurso del desciframiento de los efectos de la discriminación, que es a mi parecer la perspectiva más favorable para abordarla.

1 – Intentemos ver que pasa con el uso del lenguaje en estos grupos marginales. En primer lugar deberíamos recordar que no es la palabra la que circula con fluidez como vehículo de comunicación. Convergen para esto diferentes causas: desde antiguas modalidades heredadas, pasando por una escasa escolaridad, que no estimula el desarrollo del léxico. Por otra parte, vemos como se toman prestados algunos términos, que pertenecerían a un lenguaje “ culto “, que podría ser considerado desde los autores “ concheto “, o en su defecto pertenecer al léxico de países vecinos.
En estos sectores, los silencios y la codificación gestual, son mejor entendidos que las palabras. Y mencionemos también, que los conceptos abstractos están prácticamente ausentes. Por eso la inmediatez de las referencias de las letras.
Pasando a analizarlas observamos
a) El uso del tú en lugar del vos, que estaría dando cuenta de una convergencia de culturas, del interior o de las naciones limítrofes, que se impusieron sobre la porteña.
b) El grado de intoxicación del que escribe, se impone incluso, sobre un deficiente nivel cultural y se percibe en muchas de las producciones, por la dificultad de mantener el uso de la persona que narra o es narrada, de los tiempos verbales y de puntuación; volviendo dificultosa la comprensión. Esto se ve claramente en:
DISCRIMINADO
Su suerte ya estaba escrita desde el momento en que nació.
Hijo de padres villeros, con la cumbia se crió y ahora
que está más grande y al baile
quiere colar.
El rati con bronca grita: Negro villa, vos no entrás.
Todos se hacen los giles, te dejan siempre tirado,
que por ser negro villero, el estaba
condenado.
(con sentimiento villero, esto es yerba brava)
En el trabajo tampoco pega, de todos lados él rebotó,
le buscan todos los peros,
cansado el negro ya se rindió.
La sociedad no le dio salida y el mal camino él encaró.
En una noche pesada, la muerte se lo llevó.
2- Recordemos que la identidad se estructura entre el nombre, el cuerpo, el rol laboral, y el arraigo habitacional. Pensemos entonces, que el individuo que ve amenazado su ámbito y que tampoco puede insertarse en el mercado laboral, sufre una quiebra psicológica, que lo empuja a formas, cada vez más profundas de desintegración o de violencia. Por otra parte vive en la villa, hacinado y en permanente riesgo. Las características físicas de la casilla, condicionan el sentimiento de catástrofe, porque son fácilmente destructibles por, incendio, desalojo, etc., en los cuales al perderse las pertenencias, se pierden también las partes del yo, proyectadas en esos objetos de uso personal. Tomemos como ejemplo:
EL FUERTE

Me quieren correr, nos quieren borrar,
nos tiran el rancho y el tuyo también, dicen
Que mi barrio está lleno de hampones,
que sólo es un fuerte de drogas y ladrones.
En sólo una hora se llenó de botones
para tirarlo abajo y levantar mansiones.
Porque somos marginados en pelotas nos dejaron.
Y ahora tirado estoy, donde vamos a parar.
Quemen gomas en la calle que mi fuerte hay que salvar.
Y ahora tirado estoy debajo de un puente voy
Porque somos marginados en pelotas nos dejaron
Quemen gomas en las calles que mi fuerte hay que salvar.

3 – La villa por su misma precariedad condiciona la existencia, de las puertas hacia fuera. Esto facilita una integración muy especial con los demás. La calle se convierte en un espacio sustancialmente compartido, no hay hábitos de privacidad (esos que circulan entre nosotros, los que estamos de este lado de la cuestión). En la villa no hay cosas ocultas, se puede hablar de una intimidad compartida. La participación comunitaria es grande y en las fiestas populares todos se integran porque esto está relacionado con los viejos rituales de celebración de la tierra, del interior de nuestro país, que han sido olvidado como tales, por desgracia, pero emergen como prefiguraciones inconscientes.
CANCION DEL YUTA

Hoy es un día especial porque el monito a la villa llegó.
Dos años guardado estuvo y al fin la yuta hoy lo largó.
Salió corriendo a ver a su madre que entre
risas y llanto lo recibió.
También los vagos contentos estaban y
esta noche el baile se armó.
Yuta, compadre por fin hoy lo soltaste.
SONIDO VILLERO
(esta es la murga de la villa)
Salgamos a la calle en cuero y zapatillas
La murga se prepara para alegrar la villa
Vienen llegando bombos y mangueras
Para que baile toda la villa entera.
(la villa, la villa)
Somos del barrio, somos murgueros.
Suenan los bombos de los pibes villeros.

4- Hubo un momento, en que el recuerdo de la “ querencia “ de quienes fueron los primeros inmigrantes, fue el organizador del tiempo y éste aparecería en las músicas del interior: zambas, chamamés. Ahora, en la segunda y tercera generación se produjo la fractura cultural. Los hijos se pasaron de bando y a veces fueron observados como traidores, por quienes seguían adhiriendo a la cultura de origen. Estos jóvenes llevaron otro lenguaje a la villa, cambiaron el esquema y ritmo corporal para adecuarlos a la cultura urbano-tecnológica y con ello la aceptación el rock, beat, etc. El joven de la villa repite la discriminación que ha sufrido por parte sus mayores, cuando denuncia como traidor al que deja la villa, al que progresa, al que se abre de los códigos establecidos en ese ámbito.
SOS UNA CARETA

Te gustan los pibes de mucha plata,
a pesar de que vos sos una barata,
Sé que no te gusto porque ando en la joda y
porque no uso ropa de moda.
No sé que te pasa porqué olvidaste al humilde
barrio en que te criaste.
Te comprás la ropa corte careta, vos te hacés
la cheta y no te cree nadie.
No sé porque el dinero te cambió
No sé porque sí sos igual que yo.
Porque vos sos una careta, mejor
andá lavate bien, las te lo digo
Que sos una careta, si siempre
fuiste una rata igual que yo.
Guachín, guachín, guachin…
No es por lo que tanto yo te amaba y
vos todos los pibes te transabas.
Sé que por ser pobre me despreciaste y
hoy mirá que sola te quedaste.
Me acuerdo de chicos íbamos a jugar,
juntos cirujeabamos en el basural
Cuando íbamos juntos al almacén
a pedir fiado para comer.
No sé porque el dinero te cambió,
no sé porque si sos igual que yo.
5– Hay una diferencia, en la percepción del ciclo vital. El niño de la villa,es impelido a obtener sus recursos y las experiencias traumáticas que se van cosechando lo marcan como un adulto herido. La maternidad adolescente, es moneda corriente, quizás como consecuencia de la promiscuidad… Se dice en ese ambiente “ aprende la vida “, cuando en realidad pierde esos elementos de juego y protección, que dan garantía de equilibrio a las siguientes etapas de la vida.
LA NAVIDAD DEL PIBE

Por la villa va el pibe aquel, sus padres
lo abandonaron, que destino cruel, apenas era
un bebé, el mira al pasar que pibes como él
reciben abrazos, regalos, también.
Todos los demás tienen lo que alguna vez
soñó y no pudo tener.
Triste navidad la del pibe aquel que solo
se conforma con algo pa comer.
Triste navidad la que vive él, sin padres,
y en la calle, sin nadie a quien querer.
LOS CHICOS DEL ANDEN

Sentados en el andén, esperan el último tren.
Ellos saben que al volver algo tienen que traer.
Alguno va por vagón diciendo en cada estación
Somos 12 con mamá y en camino hay uno más.
Se sube al tren, se ganan la vida, otros comen el pan,
ellos comen las migas.
6- Si analizamos lo sentimental-emocional, vamos a ir perfilando los elementos para abordar el tema de la percepción de la mujer en esta producción.
La estructuración del placer, está dada por la obtención de la satisfacción inmediata: comida, sexo, alcohol, objeto personal que cause admiración.
EL VAGO

Loco bandido a mí me llaman porque siempre
ando en la gilada,
No trabajo ni hago nada, porque mis chicas
a mi me bancan.
Tengo un hobby que es la vagancia, de tanto en tanto
Yo voy en cana solo quiero escuchar cumbianba,
Que toda la vagancia quiere bailarla.
Vamos, vamos todos con las palmas que es lo único
Que no se garpa, tomate algo dejá las malas
Que ya llega el fin de semana

.

En un contexto con tantas frustraciones vitales, solo lo que una vez conseguido se goza de inmediato es seguro. Cualquier idea de placer ligado al futuro es incierta. El placer directo, concreto, corporal es lo posible y dentro de éste, la borrachera tiene además la ventaja de permitir la evasión y combatir la tristeza.
MARIA ROSA

Ay, como se mueve María Rosa con su baile
te provoca, está esperando que le pagues
una copa.
Ella es una chica así de fácil es de bombachita floja.
Si al hotel no la llevás no sabés como se enoja,
Bombacha floja es María Rosa
Bombacha floja como se goza
Ella se entrega y no le importa.
Así de fácil es María Rosa.
b) el grupo familiar se caracteriza por la inestabilidad. Desmembrada, la familia tipo está compuesta generalmente por una madre con muchos hijos, una figura de padre ausente, que va cambiando en tanto la madre va rehaciendo sucesivas parejas. La madre y el niño permanecen muy unidos hasta que el chico llega a la edad de obtener algún recurso; momento en el cual comienza el proceso de alejamiento para “ hacer su vida “. La figura materna está asimilada a la mujer abnegada que trabaja para sostener a su prole, a la que defiende. La figura paterna, mayormente, aparece unida al alcohol y la violencia.
CUMBIA DEL SONIDERO

Esta es la cumbia del sonidero
Para que la bailen todos los villeros
Me crié adentro de un rancho,
Entre humo, coca y borrachos.
Sonidero, le gusta nuestra cumbia a los villeros.
<!–[endifel grupo familiar se caracteriza por la inestabilidad. Desmembrada, la familia tipo está compuesta generalmente por una madre con muchos hijos, una figura de padre ausente, que va cambiando en tanto la madre va rehaciendo sucesivas parejas. La madre y el niño permanecen muy unidos hasta que el chico llega a la edad de obtener algún recurso; momento en el cual comienza el proceso de alejamiento para “ hacer su vida “. La figura materna está asimilada a la mujer abnegada que trabaja para sostener a su prole, a la que defiende. La figura paterna, mayormente, aparece unida al alcohol y la violencia. CUMBIA DEL SONIDERO Esta es la cumbia del sonideroPara que la bailen todos los villerosMe crié adentro de un rancho,Entre humo, coca y borrachos.Sonidero, le gusta nuestra cumbia a los villeros. 7) Percepción de los valores. Se valora lo personal, aquello relacionado con las formas machistas, que apelan a la consigna de “no dejarse humillar“.
EL REMISERO

Yo no soy un ganador, soy un pobre remisero,
Cuando él se va a laburar en su amargo patrullero,
Si no me tira las llaves su amada yo colo por la ventana
De campana me hace el canario, por si viene el comisario.
el se va a patrullar a su mujer, yo la hago gritar.
Como grita tu mujer, cornudo policía
Mientras que vos patrullás, ella grita todo el día.
8 – Se ha perdido en el tiempo un valor central para esta cultura: “ La lealtad “; que era una pauta altamente valorada y cuya violación conllevaba una forma de marginación interna. Ahora vemos en las letras un alarde sobrador acerca de la traición.
ME GUSTA TU MUJER
Yo quiero bailar con tu morena,
Yo quiero bailar con tu mujer,
Yo quiero agarrarla de mil maneras,
Yo quiero comerme a tu mujer.
Un par de besitos le pegué
Y me enamoré
Pero al saber que era tu mujer
No supe que hacer.
Un par de besitos le pegué
Y me enamoré
Pero al saber que era tu mujer
La llevé a un hotel
9 – No existen criterios de discriminación hacia abajo, sino hacia los grupos que detentan status. Hay una denuncia de aquello que se desea en el otro, es perecedero. Que el villero no lo posee, pero el que lo detenta puede perderlo. Esos bienes son emblemas de poder en una sociedad en la que se pregona que la gente vale por lo que tiene materialmente. Entonces cuando el que poseía esos blasones cae en desgracia se hace mofa. La lectura entre líneas sería: “ ahora no tenés aquello que yo deseaba: droga de fácil acceso, vida cómoda sin trabajo, un lugar donde tener encuentros íntimos con las mujeres, no pagar por sexo.
COMBATE

Hubo un combate, con gente concheta,
Ya le habíamos dicho ( gilas ) que con nosotras no se metan,
Fuera concheta.Todas maquilladas, se hacen las buenitas
Y son las peores
Siempre nos deliran y les dimos masa,
Les dimos pa que tengan
Las rompimos todas, porque son conchetas.
10 -Se trata de gente con fuertes componentes depresivos. No hay una tristeza demostrativa, sino una concepción fatalista del mundo.
DISCRIMINADO
Su suerte ya estaba echada desde el momento en que nació.
Hijo de padres villeros, con la cumbia se crió y ahora
que está más grande y al baile
Quiere colar.
El rati con bronca grita: Negro villa, vos no entrás.
Todos se hacen los giles, te dejan siempre tirado,
que por ser negro villero, él estaba
condenado.
(con sentimiento villero, esto es yerba brava)
En el trabajo tampoco pega, de todos lados él rebotó,
le buscan todos los peros,
cansado el negro ya se rindió.
La sociedad no le dio salida y el mal camino él encaró.
En una noche pesada, la muerte se lo llevó.
11- Conocen su inseguridad en lo social, pero en el terreno del enfrentamiento confían en si mismos, depositándo en ello la identidad. El grado de violencia que convive en la cultura de la discriminación, está estructurada de acuerdo a un orden piramidal. El hombre hacia la mujer, ésta hacia los niños, el hermano mayor al más pequeño, etc.
12- Sin proyecto de futuro, sin posibilidades laborales para ascender o al menos para ocupar el tiempo ocioso, la droga es un anestésico del dolor y una preparación al incremento de la violencia. Se da así un mecanismo de retroalimentación, del que no se vislumbra la salida.
SOLO ASPIRINA
Hoy que tengo el corazón partido en mil pedazos
Te robaste a mi amor, te marchaste de mi lado
Hoy para poderte recordar
Que me hace flashear que te tengo en mis brazos
Y en esta esquina sólo me queda por tomar aspirinas
Que sólo me queda por tomar aspirinas
Para olvidar a mi amor me deliro en el faso
Que me hace alucinar que te tengo en mis brazos.
13- La mujer solo interviene como un objeto, casi a nivel masturbatorio, es decir como un sexo sin vinculo afectivo. Pese a que en algunas letras se le habla con palabras de amor, intercaladas con insultos.
MARIA ROSA

Ay, como se mueve María Rosa con su baile

te provoca,

está esperando que le pagues
una copa.
Ella es una chica así de fácil es de bombachita floja.
Si al hotel no la llevás no sabés como se enoja,
Bombacha floja es María Rosa
Bombacha floja como se goza
Ella se entrega y no le importa.

Así de fácil es María Rosa.

 

PALABRAS USADAS POR LA CUMBIA VILLERA PARA
FERERIRSE A LA MUJER
3

Alguna (1), Amada (1), Barata (1), Careta (2), Concheta (4) ,Cheta (1), Chicas (5)Dama (1), Gila (1), Guacha (1), Hija (1), Ligera (1) , Madre (4), Mamá (4),Mi amor (1), Minas (6) , Morena (1), Mujer (16), Mulata (1), Novia (1), Pendeja (1)Piba (9), Puta (1), Vida mía (2), Vieja (7), Vieja , en el sentido familiar de mamá (4), Villera (1)
Se han usado 27 sinónimos para el concepto “mujer”

PALABRAS USADAS PARA DENOMINAR A LA MUJEREN AMBOS LIBROS DE JUAN MONDIOLA 4

Achura (1) , Albóndiga (1), Ángeles ( 4 ), Aprendiza (1), Bagayo (2), Bandida (1)Beyesa (1), Bocato (2), Boletita (1), Bomboncito (2), Breva (8), Budín (29), Buscapié (1), Candidata (2), Ciudadana (1), Comadre (1), Criatura (5),Chancleta (1), Chicas (2), Chuchi (12), Churro (39), Dama (11), Francesón (1)Inocentes (1), Jovata (1), Las de corpiño (1), Loca (2), Madama (1), Madera (2)Máquina (3), Matrona (1), Mercadería (1), Menor (5), Mina (85), Monumento (1)Morena (2), Moza (1), Muchacha (1), Mueble (13), Mujer (81), Nena (5), Negra (1)Niña (1), Ñata (18), Paponia (1), Parda (12), Patrona (2), Pera (1), Peor es nada (3), Percanta (1), Pobrecita (7), Potranca (3), Poyera (2), Programa (1), Queso (1)Señora (6), Señorita (16), Separada (1), Ternera (32), Veterana (1), Victima (1)Vieja (1)
Se han usado en ambos libros 62 sinónimos para el concepto “mujer“

PALABRAS USADAS PARA DENOMINAR A LA MUJER EN EL LIBRO“ LAS ANDANZAS DE JUAN MONDIOLA “ 5

Achura (1), Albondiga (1), Ángeles(4), Bagayo (1), Bandida (1), Beyesa (1)Boletita (1), Bomboncito(2), Breva(6), Budín (18), Candidata (1), Comadre (1)Criatura (3), Chancleta (1), Chuchi (7), Churro (28), Dama (5), Las de corpiño (1)Loca (2), Madama (1), Madera (1), Máquina (3), Menor (5), Mercadería (1),Mina (63), Monumento (1), Mueble (11), Mujer (58), Nena (1), Ñata (14),Paponia (1),Parda (6), Peor es nada (1), Pera (1), Percanta (1), Pobrecita (5), Potranquita (2), Poyera (1), Programa (1), Queso (1), Señora (2), Señorita (8), Ternera (16)
Se han usado 43 sinónimos para el concepto “ mujer “.

PALABRAS USADAS PARA DENOMINAR A LA MUJER EN EL LIBRO“JUAN MONDIOLA“ 6

Aprendiza (1), Bagayo (1), Bocato (2), Breva (2), Budín (11), Buscapie (1)Candidata (1), Ciudadana (1), Criatura (2), Chicas (2), Chuchi (5), Churro (11)Dama (6), Inocente (1), Jovata (1), Madera (1), Matrona (1), Mina (22)Morena (2), Moza (1), Muchacha (1), Mueble (2), Mujer (23), Negra (1), Nena (4)Niña (1), Ñata (4), Parda (6), Patrona (2), Peor es nada (2), Pobrecita (2)Potranca (2), Poyera (1), Señora (4), Señorita (8), Separada (1),Ternera (16)Veterana (1), Victima (1), Vieja (1)
Se ha usado 40 sinónimos para el concepto “ mujer “

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Las palabras construyen el mundo en que vivimos y ordenan las relaciones entre los sectores y actores de esas realidades, dando cuenta de los mitos, las fantasías, los deseos colectivos. La mujer, como ya hemos dicho, o el lugar en que se la coloca también queda determinada por la terminología.
Puestos a comparar, vemos que ese lugar poco ha variado, porque en ambas producciones es un objeto. Poco importa que Mondiola alabe sus atributos y la cumbia villera, los soslaye. Lo es en tanto es nombrada como un elemento en el cual satisfacer deseos sociales de virilidad y necesidades fisiológicas sexuales. Lejos está el amor en ambos casos… Esa mujer que se delimita, es apropiable, botín, rehén, coleccionable y desechable cuando llega la ocasión, sin tomar en cuenta qué de ella ha quedado jugado en esa relación. Nada de la psicología femenina es considerado.
En lo que hace al léxico, difícil es la comparación, porque los sectores que se involucran, pertenecen a distintos rangos culturales, aunque ambos sean populares. El habla de Mondiola estaba generalizada entre la clase media porteña, mientras que el lenguaje de la cumbia villera, es el de un subgrupo en la composición de los hablantes de Buenos Aires.
Es interesante observar el sistema de préstamos entre los lenguajes de los distintos grupos que conviven en este territorio capitalino y del gran Buenos Aires. La cumbia villera se nutre obviamente del castellano, del lunfardo, crea sus propios términos a los que adosa una particular carga afectiva y agrega también, palabras y el tuteo de extramuros. El tiempo dirá si de éste hablar algunos vocablos serán incorporados efectivamente por el resto de la sociedad.
Volviendo a la cuestión del léxico, que se mantiene o cae en desuso, vemos como algunas palabras siguen siendo actuales, desde la época de Mondiola (aunque eran ya muy antiguas, cuando él las toma), tanto en el hablar de la media porteña, como en el de la cumbia villera en particular. Tales son los casos de “ mina “, “ piba “.
Si la comparación la hacemos entre los dos libros de Mondiola, la cuestión se torna más interesante. Porque allí se observa como la lengua es algo vivo, dinámico, que en el lapso de pocos años, descarta e incorpora nuevos términos.
Por ejemplo, en el caso de las locuciones gastronómicas convertidos en calificativos, la variedad disminuye, se mantienen los tradicionales, churro, budín, breva y aparece: bocato.
Los calificativos como potranca, ternera, se mantienen.
Desaparecen definiciones por ropas, como “las de corpiño, poyera, chancleta”.
En cuanto a las nominaciones desde la postura de hombre dominante que ve en la mujer un objeto a preparar, se mantienen: madera, pobrecita, criatura; desaparecen: boletita y programa; aparecen: aprendiza, víctima, inocente.
Elogios como: ángeles, beyesa, desaparecen. Es interesante aquí extrapolar, como los signos de admiración hacia los atributos femeninos, están ausentes en la cumbia villera, salvo en un caso, donde la alabanza al cuerpo femenino, la hace, paradójicamente, una mujer, ( La Piba )…
Se refuerzan opiniones a través de expresiones irónicas como “ ilustre anciana”, “ respetable señora “, señorita que es la muerte “, mercadería seleccionada”, señoritas dadas a la garufa “.
Las denominaciones, usadas por Mondiola, pueden dividirse en una serie de grupos, como por ejemplo:
Calificativos, que apelan a alimentos: Achura, paponia, albóndiga, breva, bombón, queso, pera, budin, churro, bocato. Vemos que estas palabras hacen referencia a ingestas apetitosas: postres, dulces, frutas jugosas con claras simbologías sexuales o alimentos suculentos, populares, pero sabrosos para el paladar argentino. Veamos algunas de ellas:
Paponia. no solo refiere a la papa, alimento esencial para los chicos y que remite a la mujer estructurante ( la madre ). Paponia, desde éste lugar, estaría hablando de un desplazamiento desde una satisfacción arcaica de la personalidad, a la mujer que se supone sería subrogado materno, en cuanto dadora de satisfacción. Pero además paponia, es cosa óptima, ganga, negocio fácil, evento favorable. Esa era, justamente, la meta de Mondiola: tender las redes a una mujer que fuera condescendiente y fácil.
Churro: según la definición es corrupción de “ churrasco “ que termina convertido en la fritura dulce. Recordemos también que churrasca era un calificativo muy usado para la mujer argentina.
Por otro lado estas palabras están involucradas con el mecanismo psicológico de la introyección. A lo largo de la historia y como elemento constitutivo de los mitos, hemos visto como el hombre ha intentado apoderarse de los dones de otro, ingiriéndole. Recordemos a modo de ejemplo a Zeus comiéndose a su primera esposa Metis, para apoderarse de su astucia. Entre los pueblos antropófagos, comer al enemigo es adueñarse del valor que éste tenía en vida.
Justamente la introyección consiste en un mecanismo psíquico por el cual se adopta como propio lo que es del otro y tiene su expresión en la incorporación oral, como “ quiero comérmelo “ (quiero introducirlo en mi), me lo comería a besos, etc…
Hay una serie de términos, que Mondiola usa para referirse el género femenino, tal es el caso de: dama, mujer, comadre, señora, moza, muchacha, chancleta, chica, peor es nada, señorita, ciudadana, chuchi, etc. En ciertas ocasiones: dama, señorita, cobran un carácter de burla, de definir por lo contrario.
Analicemos algunas de estas palabras
Mina. es la más usada. Del lunfardo: mujer. Proviene del italiano jergal “mina “.
Chancleta. del lenguaje general, mujer, en general recién nacida. Alude a la chinela sin talón o zapato con el talón doblado, que usaban especialmente las mujeres.
Chuchi. Del lenguaje popular, refiere a muchacha cursi.
Madama. Proviene de la vida airada. Aludía a la regente del prostíbulo. En este caso toma un sentido irónico, de categorizar como dama a quien no lo es.
Percanta: Refiere a la mujer considerada desde el punto de vista amatorio, proviene probablemente del percal, que era una tela de algodón muy usada por las mujeres.
También hay denominaciones con sustantivos que definen animales
Ternera. Se puede interpretar desde dos ángulos. O bien por la asociación auditiva con tierna, ( ternura ) . También como referencia a la carne joven. De todos modos en cualquiera de sus dos acepciones, es difícil aislarla de un signo despectivo. La literatura ha demostrado las complicaciones que conlleva aludir a la mujer como vacuno. El ejemplo más cercano lo tenemos en nuestro Martín Fierro.
Potranca. Parece remitir a la juventud y belleza de ese animal. Por otro lado, podría referir también a la necesidad de domesticar, de domar, de templar al gusto de quien ejerce el dominio. Esta idea, bien machista, es verbalizada por el propio Mondiola en uno de sus cuentos, donde sostiene que la mujer debe ser “ enseñada “.
Hay apelativos por cualidades físicas. Como parda, negra, morena. En el imaginario social de Buenos Aires, nosotros éramos europeos transplantados. Nuestra sociedad era mayoritariamente de piel blanca, cabellos y ojos claros. Condición que se observa muy bien, cuando uno accede a los registros policiales de las primeras décadas del siglo. Para los tiempos de Mondiola, esto se había modificado. Ya habían ingresado los grupos del interior que buscaban aquí una salida laboral. Así aparecen estas pardas, que en una sociedad de rubias, porque natura se los había dado o porque Salamanca se los había prestado, podrían haber sido, las chicas de cabellos oscuros, como sostienen algunos porteños que vivieron en esos tiempos y no las muchachas morenas.
Otras denominaciones.
Ñata. es un americanismo que hace referencia a una nariz particularmente roma . Aquí cobra un sentido afectivo, de aprecio, de cercanía.
Bagayo. En lunfardo, mujer desgarbada. Aplicado aquí a mujeres feas.
Jovata. En el lenguaje popular, mujer vieja.
Madera. Por generaciones se teorizó la inferioridad femenina como algo natural, convirtiéndola en algo por fuera de sí misma. La mujer iniciaba su vida, recibiendo adiestramiento por parte de sus padres para la obediencia, al ser colocada en un rol pasivo, terminaba aceptando ser dirigida por la autoridad del hombre. En ese orden la mujer pasa a ser objeto en lugar de sujeto, esto le permite al hombre imaginar, que puede moldearla a su gusto y placer.
Mercadería. Desde el comienzo de los tiempos la mujer ha sido valor de intercambio. Y la reminiscencia ha perdurado en el lenguaje.
Qué palabras podemos desmenuzar de la cumbia villera :
Guacha. Viene del quechúa: wácha. Significa huérfano. Toma el sentido de hijo bastardo. En el lenguaje de la cumbia villera, refiere a la persona joven, de manera despectiva.
Barata. Lenguaje de la cumbia villera. Prostituta de poco precio.
Cheta. Del lenguaje popular: joven que tiene o simula tener gran capacidad de consumo y alardea de muy moderno y desprejuiciado.
Careta. En la lengua popular desfachatado. Para la cumbia villera: persona que no se droga, dicho por los que si lo hacen; persona que simula gran capacidad de consumo concurriendo a lugares caros.
Piba. Término del lunfardo, viene del genovés ”pivetto “: niño y éste del italiano jergal: “pivello “: niño. Hace referencia al niño, al adolescente, al joven.
Concheta. Joven que merodea el mundo de la droga, es voz de la jerga de los drogadictos, difundida en la década del 70 y para la cumbia villera, es el joven, que pertenece a clase media alta, que con sus usos y consumos trata de mimetizarse con la aristocracia.
Pendeja. Popularmente : púber. Para la cumbia villera, niño, jovencito.
Gila. Del lunfardo: tonto. Lo mismo para la cumbia villera.

REFLEXION FINAL

Ni los textos de Mondiola, ni las letras de la cumbia villera, representan desde el punto de vista de la creación, nada trascendente. Sin embargo hay algo interesante para permitirse una reflexión. Mientras los cuentos de Juan se inscriben en el imaginario masculino de su tiempo, el imaginario de la ascendente clase media de los 40; las letras de la cumbia villera, se manifiestan casi como una contracultura. Una subcultura que aparece como oposición necesaria, en última instancia, a la cultura establecida.
Cultura implica, lenguaje, sistemas valorativos, sistemas simbólicos, costumbres, formas compartidas de pensar el mundo, hábitos de consumo, códigos que rigen el comportamiento cotidiano, que imponen características a las diferentes producciones de un pueblo.
Pero, en un pueblo, no hay una sola cultura. Hay una dominante, compartida por la mayoría de la población y subculturas. Yo creo que la cumbia villera no encarna una subcultura, sino que emergiendo de la subcultura villera se establece como una contracultura.
Años atrás se hablaba de la cultura de masas como de aquella diseñada para el consumo, que contaba para su difusión, un aliado invalorable: los medios de comunicación. Ellos transmitían mensajes verbales, imágenes, acciones, conductas, modelos corporales, tipos de belleza física, formas prestigiadas para imitar; mientras las subculturas no se comercializaban, eran populares, usadas por los participantes de ese grupo, y escapaba de la categoría de “ mercancia “.
La cumbia villera, viene a demostrar, la falacia de esa dicotomía. Una subcultura, nacida de la marginación y de una cosmovisión que quiebra los moldes mayoritariamente compartidos de entender el mundo, adquiere un lugar en los medios de comunicación y se constituye en una cultura de oposición, yo diría de provocación.
Desde allí, difunden otros hábitos, opiniones, códigos culturales, ideológicos, otros modelos de identificación y también una cultura mercantilizada, que penetra en el mundo que nada tiene que ver con sus orígenes. Claro que no se trata de un episodio ingenuo y que por atrás de este tema, se mueven intereses comerciales e ideológicos que permiten el ascenso o no, de determinadas producciones.
Dentro de la absoluta pobreza literaria de sus letras, aparece algo importante: la denuncia a una situación de dolor social. Una preocupación por la realidad, que Mondiola ni rozó, ni describió. Si nos centramos en la dialéctica hegeliana del amo y del esclavo, los integrantes de la cumbia villera, o sus adeptos, se encontrarían en situación de superar sus determinantes, eso si no sucumben antes al efecto de los narcóticos.
Por el momento, una ola siniestra recorre las letras, más allá de que puedan mover a risa por su pobreza literaria. Al leerlas, las coplas que recogiera Lehmann vuelven con fuerza a mi memoria.
Y me parece percibir algo así como orígenes comunes. El tango sabemos como evolucionó (por sus propios méritos), no sabemos que pasará con el producto de esta contracultura, que a quienes la leemos desde este lado nos resulta revulsivo, porque nos enfrenta a una ruina existencial, que de no ser por el germen de la denuncia, sería tan resignada como las coplas de Ensenada, donde no había cabida para nada esencialmente humano.
El tango se impuso por una arrasadora fuerza interna que golpeó el espíritu musical, creativo y sensual de nuestros abuelos inmigrantes. Apelaba a su soledad, los ataba a esa patria que adoptaban, arrimándolos a amores de alquiler y les velaba la mirada con los nombres de otros que solo eran fantasmas de ausencias permanentes.
La cumbia villera nace en otra época. Aparece en condiciones de imposiciones de mercado. ¿ Cómo será manejada? ¿ Cómo penetrará? No dependerá probablemente, del gusto intuitivo del que escucha, sino de la pericia del que maneje los negocios discográficos.
Pero las analogías entre ambos comienzos, son al menos llamativas:
- La pobreza de la poesía
- El amuro de los varones.
- La mujer traicionera.
- El contexto de violencia .
- La marginalidad.
- La sensación de exclusión
- La pobreza
- La mujer objeto de placer y desvalorizada como sujeto.
- nacen en una periferia
- nacen en la promiscuidad
- Se da evasión por drogas o por alcohol
- La adhesión de sectores sociales que no pertenecen a esa periferia donde se produce.
El tango sedujo a la muchachada de clase alta. No por el arrebato de la hombría de los duelos criollos, ya que esos “ niños “, eran patoteros consumados, capaces de las peores fechorías. Quizás si una aproximación al sexo fácil, a la opacidad de un mundo sórdido, que para ellos era mera diversión. Si los acercaba, era en definitiva porque ellos se dejaban seducir por ese carácter de contracultura, de oposición al discurso paterno, que tan bien prende en los jóvenes, que están construyendo su identidad.

Si la cumbia villera prospera, roguemos, sosteniendo el deseo de José Gobello y Marcelo Oliveri “ojalá se degenere tanto como para decir: tu piel, magnolia que mojo la luna…“

(1) Aurora Alonso de Rocha. Mujeres cotidianas.
(2) Oscar Lewis. Antropología de la pobreza
(3) Entre paréntesis, numero de veces que cada término ha sido usado en las letras analizadas.
(4) Entre paréntesis, numero de veces que cada término ha sido usado en las 2 obras analizadas.
(5) Entre paréntesis número de veces que cada término ha sido usado en el texto.
(6) Entre paréntesis número de veces que el término ha sido utilizado en el texto.
(7) Gobello, José y Oliveri, Marcelo H. Tangueces y lunfardismos de la cumbia villera.

© Ana di Cesare

Según Elisa Calderón, la historia de la Boca estuvo siempre ligada al Riachuelo y aunque en ese rumbo desembarcó Pedro de Mendoza, fue Garay, quien le dio propietario: Alonso de Vera y Aragón, que nunca la ocupó. Hubo que esperar que “ la porteñidad “ creciera, desalojara indios y edificara chacras, para comenzar a verla poblada. En 1810 la exportación de cueros, charqui, crin y sebo, le instaló, almacenes, saladeros y curtiembres. Así comenzó la contaminación de las aguas, que no cedió cuando en 1868 se prohibió esa actividad, porque se aseguraba su continuidad con el petróleo.

Ya en tiempos de Rosas la presencia genovesa, era notable; luego llegarían italianos de toda la península, vascos, bearneses. Finalmente: servios, montenegrinos, turcos, griegos, albaneses, búlgaros, que se fueron desplazando hacia el Dock Sur.

Hacia 1900, en los cafetines musicales del cruce de Suarez con Necochea, comenzaron a alternarse los tanguistas, que solo en La Boca, constituían sus orquestas con guitarra, armónica y clarinete. Fueron evolucionando estos grupos precursores, abriendo el camino para la llegada de los bandoneones de Spósito, Arolas, Greco; más tarde para orquestas canyengues como la de Maglio, que atraían muchachada de todo Buenos Aires, agregando tumulto al ya escandaloso escenario nocturno boquense, según nos testimonió Juan S. Tallon. Esos jóvenes llegaban a los cafés, horas antes que comenzaran las funciones, muchas veces interrumpidas por trifulcas que terminaban en hechos de sangre.

Lentamente La Boca cedió hegemonía a otras zonas de la ciudad y serena ya, generó también a un Juan de Dios Filiberto.

© Ana María di Cesare

En nuestra ciudad hubo corridas de toros, desde la fundación. Durante mucho tiempo se realizaron en un ángulo de la actual Plaza de May, frente al cabildo, para celebrar algún acontecimiento relativo a la corona. Se armaba una construcción precaria que aparejaba contratiempos, por lo que se pensó en dotar a la ciudad de un lugar permanente.
Así en 1791 comenzó a funcionar en el “Hueco de Montserrat” la plaza con capacidad para 2000 espectadores. Estaba emplazada al sur del actual edificio de Obras Pública, próxima a la célebre calle del pecado.
A los pocos años, los vecinos dirigieron un memorial al virrey. La vida, con la plaza, se les había vuelto insoportable, la zona era una refugio de mal vivientes; reiteradamente los toros bravos, traídos desde Chascomús, se fugaban, poniendo en peligro a la población. Y por último, los animales muertos en las corridas, permanecían abandonados en los alrededores de la plaza, envenenando el aire.
Tan contundentes fueron los argumentos, que en 1779, se ordenó la demolición.Las corridas continuaron (en el barrio de Retiro y en barracas), hasta que una ley de Martín Rodríguez, en 1822, puso fin definitivamente a una práctica tan cruel.

Resumen de artículo, Revista Galaxia Porteña, Año 2, nro 17, setiembre 2006

© Ana María di Cesare
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La inventiva popular dio el nombre de “Terceros” (así se llamaba a los recolectores de basura), a tres arroyos que cruzaban la ciudad, en los cuales los vecinos echaban los desperdicios.
El Primero o “Tercero del Sud”; corría desde la Plaza Constitución hasta la calle México, torcía por Chile y desaguaba en el zanjón del hospital y por éste sus aguas llegaban al río. Este arroyo venía a poner límite entre la ciudad y el arrabal.. Cuando llegaban las épocas de lluvias, desbordaba. De modo que el Virrey Vértiz hizo construir un uente a la altura de las calles Perú y Chile, para facilitar el tránsito.
El Segundo o “Tercero del Medio”, se iniciaba por la actual plaza Congreso, zigzagueaba por las actuales Corrientes, Libertad, Tucumán, Cerrito, para formar un bañado en la plazoleta de Viamonte y Suipacha, desde allí seguía por el zanjón de Matorral, hasta el Pasaje Tres Sargentos y desaguaba en el río.
El Tercero Manso, o, de “Goyo Viera”, juntaba el agua de tres lagunas, en lñs esquinas de las hoy Saavedra y Belgrano, se ampliaba en un bañado en Anchorena y Corrientes, Pasteur y Córdoba y dando una serie de vueltas, pasaba por detrás de la Recoleta, para desaguar en el Río de la Plata, a la altura de la calle Austria.
Existen hoy entubados… Pero el del medio, al parecer el más rebelde, no quiere ser olvidado y desde su prisión el murmullo de su queja, se escucha aún, en la Cortada Tres Sargentos.
© Ana María di Cesare
Revista Galaxia Porteña, Año 1, Nro3, julio 2004
© Galaxia Porteña

 

Esa, ubicada entre las calles Pasco, Pichincha, Alsina e Hipólito Irigoyen, tiene unos secretos, disimulados por el paso del tiempo y los juegos infantiles.
Antes de ser una plaza sin otra particularidad que no abarcar la totalidad de la manzana en que se emplaza, fue el segundo cementerio de disidentes, y allí estuvieron los restos de la esposa del Almirante Guillermo Brown.
La historia comienza cuando en 1833, los protestantes buscando tener otro enterratorio, porque el primero próximo al Socorro, estaba inoperante, compran la chacra de De La Serna y, oficialmente termina cuando en 1869, se clausura.
Pero en realidad la última inhumación es de 1892, o sea 23 años después de las disposiciones oficiales. La Municipalidad quería transformarlo en una plaza e insiste varias veces en comprarlo entre 1901 y 1921, en que por fin, llega a un acuerdo con la Corporación de Disidentes.
En 1923, se da por terminado el traslado de los restos. Pero no de todos, porque a los que no fueron reclamados se los dejó descansando en su destino primero. Entre ellos, posiblemente, los de Elisa Chitti de Brown, que se extraviaron. Una placa recuerda ese singular hecho.

Así, la pequeña placita, que alza sus árboles a un cielo distante, entre tanto cemento, cambió sus aires de dolor y pérdida por las risas de los chicos y salió ganando.

Resumen de artículo, Revista Galaxia Porteña, Año 2, nro 20, diciembre 2006
© Ana María di Cesare
© Galaxia Porteña

Remedios, la esposa del General San martín, falleció en Parque de Los Patricios.
Los Escalada, poseían una quinta en el sur. Durante muchos años se discutió su ubicación exacta, hasta que se precipitaron los datos. Ocupaba los terrenos, y alguna extensión más, del hoy parque Florentino Ameghino, determinado por las calles Monasterio, Santa Cruz, Uspallata y Caseros. Flanqueado por el Hospital Muñiz y la vieja cárcel de Caseros.
Al comienzo de su enfermedad, se la había llevado a la quinta de San Cristóbal, para que recuperara su salud. A fines de julio de 1823, cuando la mujer de 26 años, agonizaba, se la pensó regresar a la casa familiar en las actuales Perón y San martín, esquina S.O. Pero, se comprendió el sinsentido de someterla a semejante viaje, en pleno invierno y con el pésimo estado de los caminos. Sí, se la trasladó cuando ya había fallecido, el 3 de agosto de 1823, para que sus allegados pudieran asistir al velatorio.
Hasta 1947 se conservaban restos de una tapia y una casa, dando cuenta de la existencia de la quinta.
Ana di Cesare

(Galaxia Porteña, año 2 nro 19, noviembre 2005)

© Revista Galaxia Porteña

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